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En la actualidad la
meditación
en
Occidente se utiliza
profusamente, en un
contexto no religioso,
para combatir las
consecuencias del
estrés. En este sentido,
la meditación es
entendida como una
técnica para invertir la
tendencia a dejarnos
controlar por nuestros
pensamientos y
emociones. Utilizada en
Oriente desde hace
milenios, en el ámbito
religioso, como medio
para alcanzar la
iluminación espiritual o
nirvana, el auge actual
de la meditación
coincide con la difusión
de las religiones
orientales. Sin embargo,
en las religiones
occidentales, la
meditación también ha
sido practicada por
siglos como una forma de
contemplación.
En realidad, la práctica
de la meditación es casi
universal, tanto a lo
largo de la historia
como en las principales
culturas y religiones
del mundo. Por otro
lado, los efectos de la
meditación sobre ciertos
procesos fisiológicos,
como el ritmo cardiaco,
la presión sanguínea, la
secreción hormonal, las
ondas cerebrales y la
respiración, han sido
exhaustivamente
estudiados y
demostrados. Así, por
ejemplo, durante la
meditación, el cerebro
produce más ondas alfa,
asociadas a estados de
calma y receptividad.
Las ondas alfa
desconectan los
mecanismos de respuesta,
como la agresividad o la
huida, que se ponen en
marcha frente a una
situación de estrés real
o imaginaria.
La meditación no
requiere un equipo
especial y se puede
practicar a cualquier
hora y en casi todas las
circunstancias. Sin
embargo, no es una cosa
fácil para el que recién
inicia su práctica. Esto
se debe a que la mayoría
de nosotros no estamos
acostumbrados de forma
voluntaria a limpiar (o
purgar) nuestra mente de
pensamientos y
sentimientos. Sin
embargo, si nos
ajustamos a las
enseñanzas de un
instructor
experimentado, los
frutos no tardarán en
empezar a llegar.
La meditación como
práctica espiritual
busca reintegrar al
individuo con el
“todo”, reintegrarlo
en la “unidad”
primigenia y espiritual
de la cual todos
formamos parte. Sin
embargo, desde el punto
de vista terapéutico, la
meditación se utiliza de
una forma muy dirigida y
con un propósito muy
definido. En
hipnoterapia, por
ejemplo, las técnicas de
meditación sirven para
inducir un estado
similar al trance,
básicamente idéntico al
de la meditación
profunda, donde la mente
se vuelve más receptiva
a la sugestión para
provocar efectos
beneficiosos sobre
nuestras actitudes y
comportamientos. Las
técnicas de
visualización tienen
objetivos similares y
utilizan la imaginación
para lograrlos. En la
cromoterapia, la
meditación se halla
estrechamente ligada al
poder terapéutico del
color y a sus efectos
curativos sobre el aura.
Tanto en el
entrenamiento
autogénico como en
el bio-feedback, se usan
técnicas de meditación
para ganar conciencia y
control sobre los
procesos fisiológicos de
nuestro cuerpo. La
meditación es asimismo
un aspecto importante de
la tera`pia de
flotación y de otras
técnicas de relajación
profunda.
A grandes rasgos, la
meditación se podría
definir como una
actividad que elimina
los estímulos externos y
la actividad mental,
alcanzando de ese modo
un estado de profunda
serenidad y de alerta
conciencia de ser. Para
lograr lo anterior, es
necesario que si durante
la meditación
sobrevienen pensamientos
o emociones diversos, no
han de ser enjuiciados.
Así, los pensamientos
que llegan a la mente se
“disuelven” sin que haya
elaboración conceptual
alguna y, junto con
esto, alcanzamos la
serenidad y conciencia
de ser anhelada.
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