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Ud se da cuenta de lo que le pasa?
Es conciente de sus emociones? de sus
pensamientos?
Cualquier persona puede meditar, de
cualquier edad, religión, sexo o estado
de animo. No es necesario ser místico o
"creer" para experimentar la
meditación
Recuerda: meditación significa
consciencia.
Cualquier cosa que hagas con consciencia
es meditación. No se trata de la
acción en sí, sino de la cualidad que le
imprimas a la acción. Andar puede ser
meditación si lo haces estando
alerta. Estar sentado puede ser
meditación si estás sentado alerta.
Escuchar a los pájaros puede ser
meditación si escuchas con
consciencia. Escuchar el sonido interno
de tu mente puede ser meditación
si permaneces alerta y vigilante.
Lo esencial es permanecer consciente.
Entonces cualquier cosa que hagas será
meditación.
El primer paso para ser consciente es
ser sumamente observador de tu propio
cuerpo.
Poco a poco uno toma consciencia de cada
gesto, de cada movimiento. Y a medida
que te vas volviendo consciente empieza
a ocurrir un milagro: muchas cosas que
solías hacer antes simplemente
desaparecen, tu cuerpo se vuelve más
relajado, más armónico, una profunda paz
empieza a reinar en tu cuerpo, una
música sutil vibra en tu cuerpo.
Después, empieza a darte cuenta de tus
pensamientos; el mismo proceso ha de
seguirse con los pensamientos. Son más
sutiles que el cuerpo y, desde luego,
más peligrosos. Cuando seas consciente
de tus pensamientos, te sorprenderá
descubrir lo que está sucediendo dentro
de ti. Si escribes lo que está
sucediendo en tu mente a cada momento,
te llevarás una gran sorpresa. No
creerás lo que está ocurriendo en tu
interior.
Pasados unos diez minutos, léelo: ¡verás
que hay un loco dentro de ti! Al no
darnos cuenta, toda esa locura nos
arrastra como una corriente de fondo.
Afecta a todo lo que haces y a todo lo
que no haces; afecta a todo.
¡Y la suma total de ello es lo que será
tu vida! Por tanto hay que transformar a
este loco. Y el milagro de la
consciencia es que no necesitas hacer
nada excepto ser consciente.
El propio fenómeno de observar lo cambia
todo. Poco a poco la locura desaparece,
poco a poco los pensamientos empiezan a
encajar dentro de una pauta; ya no hay
más caos, se convierte en un cosmos.
Entonces, prevalece una paz más
profunda. Cuando tu cuerpo y tu mente
estén en paz, verás que están en armonía
el uno con el otro, que hay un puente.
Ya no corren en direcciones distintas,
no cabalgan sobre caballos distintos.
Por primera vez hay acuerdo, y ese
acuerdo es de una ayuda inmensa para
trabajar en la tercera etapa, que
consiste en ser consciente de tus
sentimientos, emociones y estados de
ánimo.
Ésta es la etapa más sutil y la más
difícil, pero si puedes ser consciente
de los pensamientos, sólo es un paso
más. Se necesita una consciencia más
profunda para empezar a reflejar tus
estados de ánimo, emociones y
sentimientos. Una vez seas consciente de
estas tres cosas, todas ellas se unen en
un mismo fenómeno. Y cuando estas tres
cosas sean una, funcionando juntas
perfectamente, en armonía, podrás sentir
su música: se han convertido en una
orquesta. Entonces se llega a la cuarta
etapa, la cual no está en tus manos
lograr. Ocurre por sí misma. Es un
regalo, una recompensa para aquéllos que
han recorrido las tres etapas
anteriores.
La cuarta etapa es la consciencia
suprema que le convierte a uno en un ser
despierto. Uno se vuelve consciente de
su propia consciencia. Esta es la cuarta
etapa, lo que hace que uno sea un buda,
el que está despierto. Sólo en ese
despertar se llega a saber lo que es el
estado de beatitud.
El cuerpo conoce el placer, la mente
conoce la alegría, el corazón conoce la
felicidad. El que alcanza la cuarta
etapa conoce la beatitud. Esa dicha
suprema es la meta de sannyas, de un
buscador, y la consciencia es el camino
para ello.
Lo importante es que estés alerta, que
no olvides observar, estar observando...
observando... observando.
Y poco a poco, a medida que el
observador se vaya haciendo más sólido,
estable, inquebrantable, se produce una
transformación: desaparecen las cosas
que estabas observando. Por primera vez
el propio observador se convierte en el
observado, el que mira se convierte en
lo mirado.
Has llegado a casa.
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