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En pocos años el interés por las
terapias alternativas ha
experimentado un gran
crecimiento y todo hace pensar
que esta tendencia seguirá
manteniéndose. Existen muchas
razones para explicar este
hecho. En especial, destaca la
toma de conciencia por parte de
las personas sobre las
limitaciones y la falibilidad de
la medicina ortodoxa, junto a un
creciente deseo de intervenir de
forma activa en el mantenimiento
y mejora de la propia salud y
bienestar.
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No sólo las terapias
alternativas, sino
también ciertas terapias
basadas en la medicina
tradicional o, en muchos
casos, derivadas de
ella, nos descubren una
manera totalmente
distinta de aproximación
a la enfermedad, así
como de abordar su
tratamiento y su
prevención. Cada vez
menos personas se
conforman con “una
pastilla para cada
enfermedad”, en
parte porque este
procedimiento no suele
funcionar en la
práctica, pero también
porque prefieren tener
una mayor
responsabilidad sobre su
propia salud y no
consienten ser
utilizadas como simples
sujetos pasivos de la
medicina ortodoxa.
Las terapias
alternativas le
brindan la oportunidad
de luchar contra los
síntomas de la
enfermedad, pero
también, y quizá esto
sea lo más destacable,
de buscar bajo su
superficie para dar con
los orígenes de la
misma. Así pues, estas
terapias, además de ser
beneficiosas en caso de
mala salud, se pueden
utilizar también como
método de prevención, ya
que tratan los problemas
desde su base.
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