|
|
La técnica Alexander es una forma
práctica y sencilla de cambiar hábitos
que nos puedan resultar dañinos,
redescubriéndonos, más libres, vitales y
en balance con nosotros mismos.
Frederik Matthias Alexander nace en
Tasmania, Australia, el 20 de enero de
1869. A los 19 años se forja un nombre
como recitador de Shakespeare. En su
momento de mayor éxito, una ronquera
crónica, que se va agudizando cada vez
más, no le permite terminar sus
funciones. Emprende una larga travesía,
sin resultado, por médicos y foníatras.
Deduciendo que era algo que realizaba en
el escenario lo que provocaba su
problema en la voz, comienza un intenso
trabajo de observación sobre sus
conductas al recitar.
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes
mit der Bildunterschrift: La "Bahía
dormida" en el Parque Nacional de
Tasmania. Con la ayuda de un espejo, en
una búsqueda minuciosa de sus hábitos,
observa que antes incluso de hablar
tiraba su cabeza hacia atrás, provocando
que la musculatura del cuello se
tensionara innecesariamente, que la
garganta se deprimiera y que su pecho se
contrajera. Además, siguiendo las
técnicas de actuación de la época, sus
pies se aferraban como garras al piso,
ocasionando en sus piernas una enorme
rigidez muscular.
Emprender el cambio
¿Qué hacer ante esta fuerte costumbre?
Alexander descubrió que debía inhibir la
respuesta habitual, haciendo una pausa,
pensar nuevas direcciones musculares en
contra del hábito, lo cual significaba
permitir que su cabeza fuera hacia
adelante y hacia arriba, que su espalda
se alargara y se ensanchara, y poder
entonces cambiar su patrón de
movimiento, que tan profundamente
influía en su voz.
A partir de allí se da cuenta que esta
práctica tan arraigada sólo podía
modificarse si su cuerpo y su mente se
relacionaban clara y armoniosamente.
Decide aplicar lo descubierto en sus
actuaciones en público, además de
impartir clases a sus compañeros,
transformándose pronto en un sabio
maestro, y ganándose el nombre de “el
hombre que respira”. Sus alumnos no sólo
experimentan una impronta en su manera
de respirar, sino también en su actitud
general. Su método no solo actuaba
positivamente sobre la respiración sino
también en los demás actos reflejos del
ser humano (postura, digestión, el ritmo
del corazón). Esto implicaba en
consecuencia un mejoramiento en el
estado anímico de la persona y un mayor
autocontrol en sus respuestas a los
estímulos, tanto en la vida cotidiana
como en las actividades más
especializadas.
Alexander viaja a Inglaterra y a
Norteamérica. En Londres funda su
escuela, de donde saldrán los primeros
profesores. La vida del maestro seguirá
por siempre ligada al “dejar de hacer,
para comenzar a hacer de otra forma”, se
recuperara de una parálisis cerebral que
dejó parte de su cuerpo inutilizado en
1947 y morirá ocho años después, a la
vuelta de una buena jornada de carreras
de caballos.
Aportes científicos de ayer y hoy
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes
mit der Bildunterschrift: Sir Charles
Sherrington. Sir Charles Sherrington,
Niko Timbergen, (ambos premios Nóbel de
Medicina) y George Coghill ( famoso
biólogo norteamericano) apoyaron el
trabajo de Matías Alexander sabiendo que
la relación entre nuca, la cabeza y
espalda, juegan un rol principal en el
control de la postura, el balance y el
movimiento, determinando lo que ocurrirá
en el resto del cuerpo.
Además concordaron con Alexander en
tratar cada una de nuestras acciones, a
partir de la totalidad de nuestra
persona, tanto física como psíquica. Es
decir, ninguno de nuestros miembros se
mueve solo, sino que ello envuelve la
total actividad neuromuscular del
momento.
La vertiente alemana
En Hamburgo y luego en Essen, dos
ciudades alemanas, Chris Stevens,
(físico inglés y profesor de técnica
Alexander) junto a la que fue su esposa,
Nadia Kevan, (bailarina y también
docente de la técnica) realizan una
profunda investigación sobre la
importancia de los reflejos que se
hallan en pies y manos, en la
construcción de nuestra correcta
postura. Éstos nos conectan con la
fuerza de soporte de la tierra, que
junto a la gravedad, son las fuerzas que
nos mantienen erguidos.
Intensificar entonces la percepción del
encuentro con las superficies en las
cuales nos apoyamos, o las cuales
tocamos, junto con la conciencia de que
también esta fuerza de soporte pasa a
través de nuestro esqueleto, en el
contacto de cada hueso con el que le
sigue, provoca en nuestros mecanismos
reflejos una impronta general. Asimismo
la sensación de sentir la tierra como
nuestra casa, y estar sobre ella con los
pies “bien puestos” se vuelve más clara.
Como aprender a mejorar nuestro uso
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes
mit der Bildunterschrift: Los pequeños
monitos del sur de Madagaskar y su buen
uso natural. En una clase de técnica
Alexander, el profesor utiliza sus manos
como parte importante para determinar si
existe demasiada tensión muscular o muy
poca tal vez, en dónde, y si las
articulaciones están libres. Observa
atentamente si la persona posee hábitos
posturales que pueden resultar dañinos
para el natural funcionamiento de su
organismo.
Sencillas demostraciones e instrucciones
verbales, que implican el uso del
“monkey” o mono (una posición de ventaja
mecánica del cuerpo), como sentarse y
levantarse de una silla, acostarse en el
suelo o sobre un mesa, gatear, caminar,
son formas prácticas y simples de
reeducarnos para movernos holísticamente,
más natural y libremente.
Significa también, que por medio de una
reeducación progresiva junto al docente,
dejamos de interferir en la información
que nos da nuestro sentido cinestético.
Ésta la recibimos de tendones,
articulaciones y músculos, y sienta las
bases para el equilibrio, el movimiento
y de manera más abarcativa también de
nuestra entidad como personas.
Bildunterschrift: ¡Andar en bicicleta
disfrutando!Existen igualmente gran
cantidad de libros que abren la
posibilidad de poder aplicar esta
“pre-técnica” a cualquier actividad que
queramos realizar: correr, andar en
bicicleta, pintar, tocar un instrumento
o simplemente escribir pueden ser hechos
involucrando la totalidad de nuestro
ser, aquí y en el ahora.
|