La doctrina o yoga
del calor-psíquico (tumo), equivalente al kundalini-yoga de
la tradición hindú, busca lograr dos objetivos especificos:
Primero, extraer la fuerza-psíquica o calor-psíquico
(sánscrito: prana) del aire atmosférico, almacenándolo en la
bateria del cuerpo humano.
Segundo, emplear este calor-psíquico almacenado para
transmutar el fluido generativo o potencial energético thig-le
(equivalente al kundalini hindú), en una sutil energía
ardiente que se hace circular a través de los
canales-nerviosos psíquicos del cuerpo.
Los canales-nerviosos psíquicos se llaman en tibetano
tsas y en sánscrito nadis. De estos hay tres de vital
importancia en la práctica del tumo: el nervio-medio
psíquico (tibetano: uma-tsa; sánscrito: susumna-nadi),
que se extiende desde el perineo hasta la coronilla; el
sendero-nervioso psíquico derecho (tibetano: roma-tsa;
sánscrito: pingala-nadi) y el sendero-nervioso psíquico
izquierdo (tibetano: kyangma-tsa; sánscrito: ida-nadi).
Los dos últimos, suben en espiral desde el perineo hasta
la cabeza a un lado y otro del nervio-medio psíquico.
Conectados con estos tres canales-nerviosos principales
hay numerosos nervios-psíquicos subsidiarios por los que
la fuerza-psíquica (tibetano: shugs; sánscrito: prana)
se transporta a todo el organismo y, principalmente, a
los centros-nerviosos psíquicos (tibetano: khorlo;
sánscrito: chakra) donde se almacena y distribuye a
todos los órganos y partes del cuerpo.
El yoga del calor-psíquico emplea elaboradas posturas,
respiraciones, visualizaciones, meditaciones y
concentracion mental para lograr los dos objetivos antes
mencionados. El proceso culmina cuando el fluido
generativo o potencial energético thig-le, ha regenerado
completamente todos los centros y nervios-psíquicos del
cuerpo y asciende más allá de la coronilla, produciendo
la invisible protuberancia psíquica. Cuando la
protuberancia psíquica se llena con la fuerza vital del
transmutado fluído-generativo o seminal, uno alcanza la
gracia trascendental de la iluminación.