Taoismo

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EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA ESPIRITUAL EN EL TAOISMO


La enseñanza del Embrión del Tao

Por: Sambhu

 

 

Indice:

Teoría: El Taoísmo

Práctica: Las cuatro fórmulas secretas de la enseñanza del embrión del Tao


1. El Taoísmo Filosófico: TAO-CHIA


TAO-CHIA. <Escuela>, más bien como <grupo que profesa una doctrina>. El llamado taoísmo filosófico; una de las dos corrientes que constituyen el taoísmo; la segunda es el taoísmo religioso (Tao-chiao). El taoísmo filosófico se remite a las obras de Lao-tse* (Tao-te ching*) y de Chuang-tse*, considerados sus fundadores, y de Lie-tse y Yang-Chu, continuadores de aquellos. El objetivo de sus adherentes es una unión mística con el Tao* por medio de la meditación y la asimilación a la naturaleza del Tao en el pensar y en el obrar. A diferencia de los representantes del taoísmo religioso, no se interesan específicamente en el logro de la inmortalidad. El concepto del Tao-chia fue acuñado durante la dinastía Han, por referencia a la noción de Tao, o <vía>, fundamental en esa orientación.

Se concibe al Tao como principio omnicomprensivo del cual todas las cosas surgen. Las ideas del taoísmo filosófico incluyen un fuerte componente político. Entre ellas tienen una importancia central el concepto de wu-wei*, el obrar indeliberado, actitud que el taoísmo filosófico aspira a ver asumida por los gobernantes. Se sitúa así en abierta oposición a la ética del confucionismo, rechazando su doctrina de las dos virtudes cardinales: <humanidad> (jen) y <moralidad> (i), por considerar que encubren la verdadera naturaleza humana y perturban la operación del Tao.


GLOSARIO DEL TAOÍSMO FILOSÓFICO


A) LAO-TSE. [Lao-tzu]. <Viejo maestro>; también conocido como Lao Tan y Li Erh. Según la tradición, autor del Tao-te ching y coetáneo de Confucio, o sea del siglo VI a. C. El Shih-chi (Registro o memorial historiográfico), de siglo II-I a.C., contiene una biografía de Lao-tse, según la cual era oriundo de la aldea de Hu-hsien, en el principado de Ch’u, actual provincia de Ho-nan. Su nombre de familia era Li, su nombre personal Erh y su apelativo de adulto Tan.

Según la misma fuente, fue archivero en la corte de Chou. En esa época habría tenido una entrevista con Confucio. Es un encuentro a menudo relatado, pero que no puede considerarse histórico. Por discordias cortesanas, Lao-tse habría abandonado su cargo, y partido hacia el oeste. En el puesto fronterizo de Hsien-ku habría ido a su encuentro el guardián Yin-hsi, a cuyo ruego habría compuesto el texto de 5000 caracteres conocido como Tao-te ching. Después se perdieron sus huellas. Así, la autoría del Tao-te ching pertenece tradicionalmente a Lao-tse; pero la investigación ha mostrado que esa obra no puede ser anterior al siglo IV-III a.C., y por lo tanto no puede provenir de Lao-tse mismo.

El autor del Shih-chi caracteriza así a Lao-tse: <Lao-tse cultiva el Tao y el te; según su doctrina, uno debe aplicarse a vivir oculta y anónimamente>. Esa actitud se refleja también en el diálogo entre Confucio y Lao-tse, también según la misma fuente: <Cuando Confucio se trasladó a Chou, fue a indagar sobre los ritos a Lao-tse. Este respondió: “Aquellos de quienes hablas, hasta sus propios huesos se han hecho polvo; quedan solamente sus palabras. Además, cuando el hombre noble [o señorial] vive en una época favorable, acude a la corte en carruaje; cuando vive en época desfavorable, erra a la ventura. He oído decir que el buen mercader oculta sus riquezas y aparenta inopia; si hay plenitud de virtud interior, el hombre superior tiene la apariencia exterior de un necio. Suprime tu ánimo arrogante, y todos esos deseos, ese aire de suficiencia y ese desbordante celo: Eso no es de provecho alguno para tu persona. Es todo lo que puedo decirte”. Confucio se retiró y dijo a sus discípulos: “Del ave, sé que puede volar; del pez, que puede nadar; de los cuadrúpedos, que pueden correr. Los animales que corren pueden ser cogidos con red; los que nadan, pueden ser cogidos con nasa; los que vuelan, pueden ser alcanzados con flecha; pero al dragón, no puedo capturarlo: Se eleva al cielo sobre el viento y la nube. Hoy he visto a Lao-tse: ¡El es como el dragón!”>.

En el taoísmo religioso (Tao-chiao), la figura de Lao-tse fue divinizada, reverenciándosela con el nombre de <el celeste venerable del tao y el te>, y se le considera el fundador de esa forma de taoísmo. En torno de él abundan las leyendas. Así, su desaparición por el oeste se explica refiriendo que se marchó a la India, donde se encontró con el Buda, el cual se hizo su discípulo. Los taoístas han defendido esta idea en sus disputas con el budismo.

TAO-TE CHING. ch. <Libro de la vía y (su) poder [o virtud]>. Obra atribuida a Lao-tse; costa de 5,000 palabras, en otros tantos caracteres de escritura (por lo cual en China se le denomina a menudo <el libro de los 5,000 caracteres>). Constituye tanto la base del taoísmo filosófico (Tao-chia) como del religioso (Tao-chiao). Según la tradición, fue compuesto en el siglo VI a.C. por Lao-tse; pero hoy se admite en general que no puede ser anterior al siglo IV-III a.C.. El ejemplar más antiguo existente se data entre el 206 y el 195 a.C.
El Tao-te ching, que, según el relato tradicional, fue dado a Yin Hsi, el guardián del paso de montaña, por Lao-tse inmediatamente antes de desaparecer por el oeste, consiste en 81 breves capítulos, de los cuales los primeros 37 forman <El libro de la vía> (Tao), y los 44 restantes <El libro del te> (virtud, fuerza, poder). Esta división proviene de que el capítulo 1 trata sobre el Tao, el 38 sobre el te. El contenido de la obra no es unitario. Junto a ideas puramente taoístas contiene también otras de varias corrientes filosóficas. La filosofía del Tao-te ching se centra en los conceptos de Tao la <vía> o <camino>, y de te, el <poder> o <virtud>. Otras ideas fundamentales son las de la actividad sin designio (wu-wei) y del retorno de todos los entes al origen (fu).

En el Tao-te ching se interpreta el Tao como principio primero, anterior al cielo y la tierra. Es innombrable e indescriptible; es la madre de todas las cosas; hace que todo surja, pero sin actuar el mismo. Su poder, el te, es aquello que los fenómenos reciben del Tao y hace de ellos lo que son. Para lograr la meta de los que profesan el taoísmo filosófico: Realizar la unidad con el Tao, el <santo> debe realizar en sí mismo la ley común de todos los entes: El retorno al origen (fu*). Ello se alcanza haciendo propios el vacío (wu*) y la simplicidad (sencillez, candor natural) del Tao y permaneciendo en el obrar sin designio (wu-wei). Esto ultimo caracteriza, según el Tao-te ching, también al buen gobernante, a cuyas virtudes dedica el libro conside-rable espacio. El mejor príncipe es aquel cuya existencia no es notada por el pueblo, porque interviene lo menos posible en el curso natural de las cosas. El reduce a un mínimo las leyes, con lo cual baja al máximo el número de delitos, y no asigna valor alguno a las tradicionales virtudes confusianas: Moralidad (i) y humanidad (jen). Procura reducir los deseos y apetitos, disminuyendo los objetos de los mismos; así el corazón de los hombres no se perturba y se alcanza la sobriedad o simplicidad (p’u).

La obra se denomina originalmente <Lao-tse> [<El viejo maestro>]. El título de Tao-te ching le fue dado por un emperador de la dinastía Han; la designación de ching <clásico libro canónico>, la ponía en pie de igualdad con los clásicos confucianos. Hoy se conservan más de 50 comentarios, que interpretan la obra desde los más diversos puntos de vista. A ella se remiten no sólo los representantes de la escuela taoísta, sino también los de la escuela del Yin-yang (Yin-yang chia), los de ciertas orientaciones de derecho político, los de la escuela del I-ching, etc. Los seguidores del Tao-chiao (taoísmo religioso) la consideran uno de los libros sagrados; y emperadores como Wen-ti, de la dinastía Han, Hsuan-tsung, de la T’ang, o T’ai-tsu, de la Ming, trataron de fundar su gobierno en las doctrinas del Tao-te ching.

TAO. ch. <Vía, camino> Concepto fundamental del taoísmo (Tao-chia, Tao-chiao). Es la idea central del Tao-te ching y de Chuang-tse. El sentido original del ideograma tao es <camino>; pero puede significar también <doctrina>. El término se usó ya en época temprana en el sentido de modo de conducta humana y regla moral, es decir, de <vía del hombre>; es el valor que tiene en los textos confucianos. En el Tao-te ching de Lao-tse se le asigna por primera vez un sentido metafísico: El principio primero que todo lo abarca y subtiende (sostiene, rige) todos los fenómenos. Es una realidad de la cual surge el universo, y a la cual Lao-tse, sólo por falta de un concepto adecuado, denomina el Tao:

Había algo completo y nebuloso
que existía antes del cielo y la tierra.
Silencioso, invisible,
inmutable, estando (a solas) como Uno,
incesante, siempre rotante,
capaz de ser la madre del universo.
No sé su nombre, y le apellido Tao.


El Tao es, pues, sin nombre; es inefable. Es una de sus cualidades más salientes. En el cap. 1 dice el Tao-te ching:

El Tao que se nombra con un nombre
no es el eterno Tao.
El nombre que se puede pronunciar
no es el eterno nombre.

El Tao es la <madre> que da luz y nutre los diez mil seres. Es, pues, la fuente primordial de todo ser. En el cap. 6, se compara al Tao con una hembra cuya puerta es el origen del cielo y la tierra. (En este pasaje se apoyan aquellos representantes del taoísmo ulterior que para alcanzar la unidad se valen de prácticas sexuales (fang-chung shu*). Pero al Tao retornan también todas las cosas. Esta es una ley universal. La iluminación (ming*) en sentido taoísta es el conocimiento realizativo de esa ley universal de la reintegración (fu) de los entes en el Tao. Pero la reintegración o retorno es también la ley propia y primordial del propio Tao: <El retorno es el movimiento del Tao, la debilidad es la eficacia del Tao> [cap 40]. En el cap. 14 se lo describe además como invisible, inaudible, insondable, eterno e inmodificable por influjo externo alguno. Es la forma de lo sin-forma; abarca el ser y el no-ser: El ser es la función del Tao; el no-ser, su naturaleza propia. El Tao es la gran unidad, en la que se trascienden todos los opuestos:

Lo que miras pero no puedes ver
es dicho lo invisible.
Lo que puedes escuchar pero no oír
es dicho lo inaudible.
Lo que haces pero no puedes retener
es dicho lo insondeable.
Ninguno de éstos tres se pueden indagar,
y por eso se funden en uno.
Ninguna luz encima puede hacerlo más claro,
ninguna oscuridad, debajo, más oscuro.
Sin cesar continúa,
mas definirlo es imposible.
Vuelve siempre a [su] nada.
Así, se lo describe forma de lo sin-forma,
imagen de lo sin-imagen.
Por eso se le llama evasivo.
Se le encuentra, pero nadie ve su rostro;
se le sigue, pero nadie ve su espalda.
Atenerse al Tao de antaño,
manejar lo presente,
para entender el primordial comienzo,
a esto se le dice la regla del Tao.

El Tao obra de manera espontánea y conforme a su naturaleza (tzu-jan). Su actividad es sin acción y sin designio (wu-wei); por ella, no queda nada sin hacer. En el mundo fenoménico el Tao se manifiesta por su fuerza o poder, su <virtud> (te*); esto es lo que todas las cosas reciben del Tao y aquello por lo cual llegan a ser lo que son. Realizar la unidad con el Tao es la meta de todo taoísta. Para ello, el saber conceptual sobre el Tao no es suficiente: El adepto debe hacerse uno con el Tao, realizando en sí mismo la unidad, la simplicidad (p’u) y el vacío de aquél. Ello ocurre por un conocimiento intuitivo. Este conocimiento se describe en Chuang-tse (22, 1-2 ): <El Tao no puede conocerse por pensamiento ni reflexión alguna. (Sólo) apoyándose en nada, siguiendo nada, persiguiendo nada es posible acercarse a él. (...) El sabio enseña una doctrina que no encuentra expresión en palabras>. Así, el Tao se realiza morando en el silencio o quietud, el cual es el modo esencial de acceso a él. Se encuentra este silencio por el método del <abandono>: <La búsqueda del saber significa adquirir día tras día; la búsqueda del Tao significa abandonar día tras día>. En el Tao-te ching, el silencio es el retorno al origen. Ateniéndose uno al silencio, todo acontecer interno o externo entra en el reposo, todas las limitaciones y condicionamientos desaparecen. Dice Chuang-tse (23, 2) que entonces la luz del cielo irradia permitiéndonos contemplar nuestra verdadera mismidad y realizar el Absoluto.

Lao-tse describe en el cap. 16 esa inmersión en la quietud:

Entrégate al supremo vacío,
contempla asiduo en la quietud.
Todas las cosas están juntas en acción,
mas yo [las] miro en su no acción.
Pues están de continuo en movimiento, sin reposo,
mas cada una está en retorno hacia su origen.
Retornar al origen significa quietud.

En el curso de su evolución, el taoísmo desarrolló toda una serie de métodos destinados a facilitar el acceso al Tao. En Lao-tse (cap.16) y en Chuang-tse se encuentran referencias a ejercicios de meditación. Son de particular importancia los respiratorios, recomendados ya en los textos taoístas más antiguos como apoyo para el proceso contemplativo. Tales prácticas fueron plenamente reelaboradas en la <escuela del elixir interno> (nei-tan*).

Para el budismo chino, que al comienzo, para traducir al chino sus conceptos, se valió de la terminología taoísta, el Tao era la vía hacia el nirvana. En el zen hay un aforismo célebre que dice: <Sacar agua del pozo, hachar la leña: Esa es la [verdadera] maravilla del Tao>.

TE. ch. <Virtud, fuerza, poder>. Poder o fuerza operativa del Tao; el principio y las regularidades y propiedades que cada ente recibe del Tao y hacen que sea lo que es, determinando el modo en que se manifiesta en el mundo fenoménico. El término designa también la <virtud> que se alcanza mediante el conocimiento realizativo del Tao. En el Tao-te ching, el te está caracterizado con los mismos atributos que el Tao: Es profundo, misterioso, y dispone al ser humano para retornar a la inocencia del niño, a la sobria simplicidad (p’u). En Confucio, el te es la cualidad que posee el hombre noble y cultivado; por el te, el sabio encarna el ideal cultural y se constituye en modelo para su entorno.

Sobre el Tao y el te dice el cap. 52 del Tao-te ching:

El Tao procrea
[y] el te nutre.
El entorno configura
[y] los influjos perfeccionan.
Por eso todos los seres honran al Tao
y valoran al te.
Al Tao se honra
[y] al te se valora
sin mandato externo, [sino] de por sí.
El Tao, pues, procrea, [y] el te nutre,
hace crecer, cuida [solícito],
perfecciona, mantiene,
[y] protege y resguarda.


WU-WEI. ch. <No-actuar>. La actividad o el acto sin designio (es decir, el obrar espontáneo o por mero acto de contemplación o de presencia); concepto del Tao-te-ching, con el que se refiere a la actitud de no intervención en el curso natural de las cosas; un obrar espontáneo, totalmente indeliberado y exento de designio, pero adecuado de por sí a la situación dada. Esta actitud es la del <santo> taoísta. Lao-tse describe el wu-wei en el cap. 48 del Tao-te-ching: <Quien se aplica al estudio, cada día aumenta (en sus esfuerzos, en sus ambiciones). Quien se aplica al Tao, cada día disminuye (en acciones, en deseos). De disminución en disminución, llega al no actuar; al no actuar ya, nada hay que no realice>. El wu-wei, pues, no consiste en un absoluto no hacer, sino en un obrar libre de toda apetencia y predeterminación. El adepto taoísta, que persigue el ideal del wu-wei, imita al Tao mismo, cuya eficacia es, precisamente por el wu-wei, universal: <El Tao permanece siempre sin acción y nada hay que él no haga>. A imitación del Tao, el taoísta se guarda de intervenir en el curso de las cosas y deja a todo la posibilidad de desplegarse en libertad según su naturaleza. Sólo así puede ser eficaz. De modo que el wu-wei puede entenderse esencialmente como el obrar dentro de los límites de lo natural y necesario.

En el Tao-te ching la actitud de wu-wei se extiende al modo de obrar del soberano. Lao-tse lo explica con el ejemplo ideal del príncipe cuya existencia no es ni siquiera notada por el pueblo: Sólo la actitud de wu-wei hace posible al soberano ejercer poderío e influjo. En el cap. 37 del Tao-te ching se des-cribe así al príncipe orientado según el ideal del wu-wei: <Si los señores y los reyes fueran capaces de atenerse, imitando al Tao, a esa actitud de no intervención, los diez mil seres no tardarían en seguir por sí solos su ejemplo; si entonces se manifestaran pasiones, yo los dominaría por medio de la simplicidad de lo sin-nombre: Estarían entonces sin pasión; estando sin pasión, tendrían calma, y la paz quedaría naturalmente asegurada>. Es esta una actitud compartida por Confucio; en su Analectas (15,4) se dice: <Hablo el maestro: Quien sin hacer cosa alguna mantuvo el reino en orden fue (el emperador legendario) Shun. Pues, en verdad, ¿que hacia?. Se conducía con vigilante reverencia y dirigía dignamente el rostro al sur; nada más>. El ideal del wu-wei desempeña también un papel central en el zen chino.

FU. ch. <Retorno>. Concepto del Tao-te ching, que describe el movimiento esencial del Tao: <El retorno es el movimiento del Tao> (cap.40). El retorno de todas las cosas a su origen es la ley que subyace a la totalidad de los fenómenos: Todas las cosas salen del Tao y deben retornar a él. <Volver a la raíz> significa, en los métodos de meditación taoísta, haber alcanzado la iluminación.

WU. ch. <No ser>. Vacío; uno de los conceptos fundamentales del taoísmo filosófico: La ausencia de cualidades sensorialmente perceptibles. Wu es la característica esencial del Tao; pero se utiliza también para designar el modo de ser del sabio taoísta, que, enteramente compenetrado por el Tao, está libre de apetencias y pasiones, es decir se <vacía>.

En el Tao-te ching, cap 11, se describe la naturaleza del vacío: <Los treinta rayos de una rueda tienen en común un mismo cubo: Allí donde no hay nada (en el hueco) reside la eficacia del carro. Se moldea la arcilla en forma de vaso: Allí donde no hay nada reside la eficacia del vaso. Para hacer una casa se hacen vanos de ventanas y puertas: Allí donde no hay nada reside la eficacia de la casa. Así, creemos que lo provechoso es lo sensible (lo visible y palpable), pero allí donde nada percibimos (en el vacío: wu) reside la verdadera eficacia>. Y en el cap. 5 se dice: <El espacio entre cielo y tierra es como un fuelle de fragua: Vacío, no se agota; en movimiento, no deja de producir>.
MING. ch. <Claridad>. Modo de designar la iluminación en el taoísmo. Según Lao-tse, el ming consiste en el conocimiento de la ley de retorno al origen (fu). Este es lo constante o perenne y la ley común a todos los seres. El conocimiento de esta ley constante caracteriza al hombre santo, que vive esa experiencia en cuanto él mismo retorna al Tao y lo realiza en su simplicidad, unidad y vacío.

En el cap. 16 del Tao-te ching el concepto del ming se explica así:

De la multitud de los seres
cada uno vuelve a su raíz.
Volver a la raíz significa quietud.
Quietud significa volverse al destino.
Vuelta al destino significa perennidad.
Conocer la perennidad significa claridad.
Si no se conoce la perennidad
se cae en la perturbación y en la culpa.
Si se conoce la perennidad,
uno se hace paciente.
La paciencia lleva a la rectitud.
La rectitud lleva al señorío.
El señorío lleva al cielo.
El cielo lleva al sentido (Tao).
El sentido lleva a la perduración.
Toda la vida se estará exento de peligro.

B) CHUANG-TSE. Chuang-tzu. 1. Sabio taoísta, aprox. 369-286 a.C., también llamado Chuang Chou; autor de la obra conocida como su mismo nombre, y junto con Lao-tse, fundador del taoísmo filosófico (Tao-Chia). Era oriundo de la actual provincia de Ho-nan, pero sobre su vida no se sabe casi nada. Se casó y ocupó un puesto modesto en Ch’i-yuan. Como se negaba entrar al servicio de un príncipe, vivió en condiciones de pobreza. Su filosofía debe mucho a las doctrinas de Lao-tse, y se muestra implacable crítico del confucionismo.

2. Título de la obra del propio Chuag-tse, conocida también con el nombre de Nan-hua chen-chin <Libro (canónico) verdadero de las flores del sur>. Consiste en 33 capítulos, de los cuales los 7 primeros son los llamados internos, que proceden del propio Chuang-tse; los 15 siguientes o externos y los 11 restantes o misceláneos son verosímilmente obra de discípulos suyos. Los temas de Chuang-tse son en parte los mismos que los del Tao-te ching de Lao-tse: las concepciones sobre la naturaleza del Tao y del te coinciden en lo esencial en uno y en otro. También la actitud del obrar desapegado (wu-wei) ocupa una posición central en el Chuang-tse. Se pone de relieve la relatividad de las oposiciones, la identidad de vida y muerte, y la importancia de la meditación para alcanzar la unidad.

Chuang-tse no ve en la naturaleza sino un cambio incesante de todos los fenómenos. Es uno de los primeros que señaló la índole ilusoria del universo. En el Chuang-tse encontramos también influjos de escuelas no taoístas: De particular importancia para el desarrollo de su pensamiento filosófico, resulta Hui shih, que era el mejor amigo de Chuang-tse. La obra contiene numerosos ataques contra Confucio y su escuela; por ejemplo, Chuang-tse rechaza las virtudes capitales confusianas de <humanidad> (jen) y <rectitud> (i) como categorías artificiales, que fácilmente se convierten en puras ideas a las que no corresponde ninguna realidad vivida.

El Chuang-tse es apreciado no sólo por su profundidad filosófica, sino que además cuenta entre los más valiosos textos literarios en la lengua China.

Para Chuang-tse, el sumo bien del hombre es la armonía y la libertad, alcanzables si uno sigue con espontaneidad la propia naturaleza. Ve una causa de los sufrimientos humanos en la igualación que imponen las instituciones, desconocedoras de la peculariedad individual. Por eso Chuang-tse se pronuncia enérgicamente contra el <gobierno por un gobierno>: La única vía para mantener el mundo en orden es el <no gobernar>, la aplicación por el soberano del principio del acto sin designio (wu wei). En el cap. 7 el autor ilustra su idea del soberano ideal: <El gobierno de los ilustres reyes fue así: Cubrían con su beneficencia el mundo entero sin que pareciera que eran ellos los que lo hacían. Mejoraban a los diez mil seres [=todos los seres] y el pueblo no se apoyaba en ellos. No pregonaban sus méritos, para que los seres pudieran regocijarse (considerándolos propios). Asentados en el inescrutable, se paseaban en Aquel que no tiene ser>. En el mismo capítulo se dice: <Deja vagar tu alma más allá de lo sensible, junta tu fuerza en la nada, deja a todas las cosas su libre curso y no toleres ningún pensamiento propio: Y el mundo estará en orden>.

Chuang-tse rechaza toda diferencia entre bien y mal, pues para él no existe ningún criterio universalmente válido. Esta concepción se manifiesta en el título del cap. 2: <Igualación de seres y opiniones>. También la vida y la muerte son esencialmente una: Constituyen cambio sin término, no comienzo y fin. Esta comprensión explica la conducta de Chuang-tse, inauditamente frívola desde el punto de vista confuciano, cuando la muerte de su esposa: Reconociendo que <en su principio fue cosa sin vida; no sólo cosa sin vida, sino también sin figura alguna; no sólo sin figura sino también sin materia; que mezclada en aquella masa caótica había ido evolucionando hasta adquirir su materia y que esta materia evolucionando adquirió cuerpo y que este cuerpo evolucionando adquirió vida y que ahora se vuelve a trasformar con la muerte (...); y que ahora ella reposa tranquila (...) me pareció que el continuar yo gimiendo y sollozando era desconocer el mandato [del destino o del cielo]>.

Constantemente encontramos en el Chuang-tse el tema de la longevidad. <El maestro Kuang Ch’eng ha vivido 1200 años>; <El maestro Kuei posee una receta que le permite conservar la apariencia de un niño>. Chuang-tse mismo expone para el logro de la inmortalidad diversos métodos que adquirieron gran importancia en el posterior taoísmo religioso (Tao- chiao): <En la lejana montaña de Ku Ye viven hombres espirituales. Sus carnes y su piel son como hielo trasparente y blanca nieve. Son tiernos y hermosos como doncellas. No se alimentan de cereales. Aspiran el aire y beben del rocío. Montan sobre las nubes y cabalgan sobre dragones voladores y hacen excursiones más allá de los cuatro mares [=más allá del mundo humano] (fei-sheng). Su concentración de espíritu inmuniza a los seres contra las enfermedades y madura las mieses>. Este pasaje contiene una alusión a las diversas técnicas respiratorias (hsing-ch’i, fu-ch’i). Ciertamente Chuang-tse no asigna ninguna significación esencial a los ejercicios respiratorios y gimnásticos, pero es una de las características de su <hombre verdadero> (chen-jen) el que <su respiración llega hasta los talones>, lo que puede entenderse como una descripción de la <respiración embrional> (t’ai-hsi*). Además encontramos descripciones de prácticas de meditación como las del tso-wang* y el shou-i. Un diálogo entre el Emperador Amarillo (Huang-ti) y el maestro Kuan Ch’eng puede interpretarse como una instrucción de meditación completa. Todos estos ejercicios otorgan poderes preternaturales; quien los domina se hace inmune al fuego y al agua, puede elevarse a las nubes y viajar por los aires sobre los dragones, curar enfermedades y tener cosechas abundantes. Con ello, Chuang-tse contribuyó sustancialmente al surgimiento del culto de los inmortales (hsien*).

La única traducción española directa del Chuang-tse es, hasta ahora, la de Elorduy; además, hay fragmentos traducidos de una versión inglesa en Lin Yu-tang: La sabiduría de Lao-tse.



2. TAOÍSMO RELIGIOSO: TAO-CHIAO


TAO-CHIAO. ch. <Escuela>Más bien como <doctrina y-o práctica religiosa>. El llamado taoísmo religioso; una de las corrientes que constituyen el taoísmo; la otra es el taoísmo filosófico: Dentro del taoísmo religioso se incluyen todas las escuelas y orientaciones que tienen por objeto la obtención de la inmortalidad (ch’ang-sheng pu-szu*).

Las escuelas más importantes son:
1. La de la Higiene de las Divinidades Interiores;
2. El taoísmo de las Cinco Fanegas de Arroz;
3. La Vía de la Suprema Paz;
4. La Escuela de la Joya Mágica;
5. La Vía de la Recta Unidad; y
6. La de la Realización de la Verdad.


GLOSARIO DEL TAOÍSMO RELIGIOSO


A) Vida perdurable sin muerte: Ch’ang-sheng Pu-szu.

CH´ANG-SHENG PU-SZU. <Vía perdurable sin muerte>. Inmortalidad; el objetivo de las diversas prácticas taoístas. El concepto de inmortalidad puede entenderse de dos maneras: Como corporal y como espiritual.

La idea de la inmortalidad corporal está desde los comienzos del taoísmo y es la meta de la mayoría de las orientaciones del taoísmo religioso (Tao-chiao). Los adherentes a la escuela alquímica del <elixir externo> (wai-tan*), por ejemplo procuraban alcanzar la inmortalidad (hsien*) mediante la ingestión de diversas drogas prolongadoras de vida. Otras prácticas para obtener la inmortalidad corporal son: la abstención de cereales, diversos ejercicios respiratorios, ciertas gimnasias, así como la meditación y ciertas prácticas sexuales. El que alcanza la inmortalidad corporal asciende en pleno día a los cielos (fei-sheng*) o muere sólo en apariencia: si se abre el ataúd, se lo encuentra vacío (shih-chieh*).

La inmortalidad espiritual, o sea la iluminación y la unificación con el principio supremo (Tao), estado que trasciende la vida y la muerte e implica la unión del yin* y el yang, es la meta del taoísmo filosófico (Tao chia). También los adherentes a la escuela del <elixir interno> (nei-tan*) procuran la inmortalidad espiritual. Esta implica, además de la liberación respecto a la vida y la muerte, la liberación del espacio y el tiempo, y de la diferenciación sexual; por eso los inmortales se representan con figuras a veces masculinas, a veces femeninas. En la plástica de inspiración taoísta la inmortalidad se alude por medio de diversos símbolos: la grulla, el báculo nudoso, el pino, el melocotón, el hongo de inmortalidad, la divinidad particular, etc.

A menudo es difícil decidir qué clase de inmortalidad se persigue, pues muchos textos utilizan formas de expresión esotéricas, que permiten interpretaciones en ambos sentidos. Incluso pasajes textuales del taoísmo filosófico, como los de Chuang-tse y Lieh-tse, pueden entenderse como referencias a la inmortalidad corporal: Descripciones de lugares como el K’un-lun o las <islas de los inmortales> que se dan por morada de los que han alcanzado la inmortalidad, son interpretables tanto de modo concreto como abstracto. Ch’in Shih Huang-ti, el primer emperador, por ejemplo, puso todo su empeño en descubrir las misteriosas islas de los inmortales y en poseer el elixir de la inmortalidad, para lo cual organizó expediciones, aunque infructuosas. Otros ven en tales descripciones travesías espirituales por la interioridad del ser humano. Dicha ambigüedad se da en mayor medida en los textos alquímicos. Representantes de la escuela del <elixir interno> se valen del lenguaje de la alquimia del <elixir externo>, para dar apoyo concreto a la descripción de procesos de conciencia.

En los comienzos de la alquimia china coexistían parejamente los métodos internos y externos de alcanzar la inmortalidad. En el siglo VI d.C. se registra un cambio patente: La inmortalidad tiende crecientemente a concebirse en sentido espiritual; en lugar de preparar el elixir con oro, cinabrio y otras sustancias químicas, los alquimistas se ocupan exclusivamente del desarrollo del oro interno, de la “flor de oro”, del <embrión sagrado> (Sheng-t’ai).

En el siglo XIII, los métodos del <elixir externo> pasaron completamente a segundo plano, aunque siguió utilizándose su terminología. Los representantes del nei-tan despreciaban a todos aquellos que pretendían lograr la inmortalidad por medio de trasmutaciones químicas. También el influjo del budismo, en especial el zen, contribuyó decisivamente a la interiorización de la búsqueda de la inmortalidad. Los antiguos textos alquímicos fueron entonces interpretados constantemente según la doctrina del <elixir interno>.

Los factores esenciales en la búsqueda de la inmortalidad son las técnicas sexuales, que se practicaron abiertamente en muchas escuelas del taoísmo religioso de los siglos II a VII, pero que quedaron reservadas al ámbito privado, debido a la presión de la moral confusiana. Estas mismas técnicas están también, a menudo, en los orígenes de las prácticas taoístas de meditación.

1. Elixir externo: Wai-Tan

WAI-TAN. ch. <Cinabrio externo>; también denominado <elixir exterior> o <alquimia externa>. Una de las dos corrientes (siendo la otra nei-tan o <alquimia interna>) de la alquimia taoísta. Los practicantes del wai-tan procuran elaborar una droga de inmortalidad por medio de las transmutaciones de sustancias químicas. Los principales ingredientes para preparar el elixir externo son el cinabrio y el oro; este, por su inalterabilidad; el cinabrio, llamado también <tierra de mercurio>, a causa de su color rojo y sus propiedades químicas. Los seguidores de la alquimia exterior consideraban que la energía vital humana, o energía primordial (yuan-ch’i), representa la energía cósmica. La perdida del yuan-ch’i produce la enfermedad y la muerte. Se concibe el yuan-ch’i como una mezcla particular del yin* y el yang; y se considera que sólo el cinabrio y el oro son capaces de restaurar en el organismo ese estado primordial en que el yin y el yang se unen de modo que no pueden diferenciarse. Los alquimistas más importantes de esta corriente fueron Wei Po-yang y Ko-hung. En el desarrollo posterior del taoísmo, no obstante, fue quedando relegada la idea de lograr la inmortalidad mediante la ingestión de una droga, y la sustituyó la doctrina del <elixir interno> (nei-tan*).
El elixir externo se prepara en el caldero del alquimista, donde, según la concepción del taoísmo, puede acelerarse los procesos de transformación que ocurren en la naturaleza. A través de una secuencia de sublimaciones se obtiene cinabrio purificado. La droga de inmortalidad de máxima eficacia es el cinabrio purificado nueve veces; si se ingiere, es posible el ascenso al cielo en plena luz del día (fei-sheng*).

2. Elixir interno: Nei-Tan

NEI-TAN. ch. <Cinabrio interno>. El también llamado <elixir interno> o la <alquimia interna>. En el lenguaje de la escuela taoísta del elixir interno, el concepto de nei-tan se aplica al desarrollo de una alma inmortal (hsien*) a partir de las tres energías que sustentan la vida: La esencia, simiente o semen (ching*), el hálito o energía vital (ch’i*) y el alma espiritual (shen*). El proceso se describe con los mismos términos que el elixir externo (wai-tan), por el cual, partiendo de ciertas sustancias químicas, se trata de producir un elixir que proporciona la inmortalidad: En el interior del cuerpo (que se análoga a la retorta de la alquimia externa) la simiente y el hálito vital (que corresponden a las sustancias químicas del wei-tan) generan por medio del alma espiritual un <embrión sagrado> (shen-t’ai*).

En el nei-tan, las <aleaciones> y <sublimaciones> internas tienen lugar mediante la concentración de la mente. Ocurre así una reversión de todos aquellos procesos que conducen normalmente a la muerte del ser humano, en cuanto que las energías vitales se concentran en la interioridad, se purifican y se hacen independientes del mundo sensorial. Así, por diversas técnicas respiratorias de meditación, el adepto hace nacer en su interior un hombre nuevo, que es precisamente el <embrión sagrado>. Esta alma inmortal en el proceso de la muerte, abandona el cuerpo mortal y sube al cielo. Los taoístas suelen llamar también al <embrión sagrado> la <flor de oro>, que se abre cuando el adepto ha alcanzado la iluminación. Filosóficamente expresado, la iluminación del adepto del elixir interno consiste en el retorno al vacío. Su objetivo es el mismo que el del taoísmo filosófico de Lao-tse o de Chuang-tse: La unión con el Tao que se alcanza conduciendo al equilibrio el juego de desequilibrios del yin* y el yang.

La práctica del nei-tan sustituyó progresivamente durante la época de la dinastía Sung al wai-tan. Se difundió sobre todo en la Escuela de la Realización de la Verdad con sus diversas corrientes, y recibió fuerte influjo del budismo, y especialmente del zen. Representantes célebres de la escuela del elixir interno son: Wei P’o-yang, Ch’en-T’uan, Chang Po-tuang. Un texto importante es el T’ai-ching-hua tsung-chih, conocido como <El secreto de la flor de oro> (publicado en español).

La idea central de esta escuela es que las tres energías vitales del hombre, ching, ch’i y shen, presentan cada una un doble aspecto: El material y visible, operante en la interioridad del cuerpo, y el inmaterial e invisible, que opera en el universo. La meta del adherente al nei-tan es, en un proceso respiratorio de meditación, purificar primero la simiente o esencia (ching) para transformarla en ch’i, y luego purificar el ch’i para transformarlo en shen. La última etapa de esta vía es purificar el alma espiritual (shen) y devolverla al vacío; es decir, realizar la reintegración entre el sí-mismo y el universo.

El requisito necesario para la práctica eficaz del nei-tan es vigorizar la propia esencia o simiente. Para ello se introducen técnicas mayormente sexuales, aunque éstas son estrictamente rechazadas por muchos sabios taoístas. La técnica sexual más importante consiste en hacer retroceder el semen para vigorizar el cerebro (huan-ching pu-nao*).

La operación alquímica propiamente dicha comienza por el establecimiento de un circuito energético interno, llamado <circuito celeste menor> (la circulación menor u órbita microcósmica), que parte del corazón y baja hasta la mitad del vientre, hacia los riñones. Los textos taoístas suelen relacionar las etapas de este trayecto con diversas categorías, como los cinco elementos, las estaciones del año, los puntos cardinales, órganos del cuerpo, animales, etc. Este circuito menor es la base del mayor (la circulación mayor u órbita macrocósmica), que comprende la totalidad del cuerpo. En él, la energía asciende desde el extremo inferior de la columna vertebral, a través de ésta hasta el cráneo, y se desplaza por la cabeza y el rostro, baja por el pecho y abdomen, y se cierra en el punto de partida. El trayecto ascendente a lo largo de la columna vertebral se denomina tu-mai o <trayecto controlado>. Los centros más importantes de éste recorrido se sitúan: 1. en el extremo inferior de la columna; 2. en la zona renal; 3. en el centro de la columna; 4. en la articulación de la columna con el cráneo. De estos centros, el más alto se denomina <campo de cinabrio superior> (tan-tien) o, más exactamente, ni-huan. El trayecto descendente es el jen-mai o <trayecto involuntario o espontáneo>. Los centros más importantes de este trayecto son los campos de cinabrio medio e inferior, <la sala amarilla>, situada en el centro del vientre, y el <palacio de la luz>, situado entre ambos ojos.

El circuito total se divide, en los textos alquímicos, en 12 secciones, simbolizadas por hexagramas del I-ching o por signos cíclicos cronológicos, en correspondencia con los meses o con las doce divisiones horarias del día. Los textos designan también a menudo los trayectos ascendentes y descendentes del circuito energético como la unión del k’an y el li, o el dragón (de naturaleza yang) con el tigre (de naturaleza yin), unión en la que se cumple el objetivo del nei-tan. Exposiciones detalladas del nei-tan se encuentran en Chan Chung-yuan, 1963, y Miyuki, 1984. CHING. ch. <Simiente; semen, esperma>. Una de las tres fuerzas vitales a cuyo mutuo juego se debe, según la concepción taoísta, la conservación de la vida; las dos restantes son el hálito o energía vital (ch’i) y la mente junto con la conciencia (shen). Ching designa propiamente el esperma viril y la sangre menstrual, pero los textos taoístas no entienden generalmente el término en este sentido concreto, sino en el de una esencia o sustancia sutil, capaz de unirse con el ch’i. El ching se produce en el ching-she o morada del ching, en las proximidades del campo de cinabrio inferior (tan-t’ien*). Si el cuerpo lo contiene en medida escasa, el hombre enferma; si llega a agotarse del todo, el resultado es la muerte. Por eso el adepto taoísta procura, por medio de diversas prácticas sexuales que se basan fundamentalmente en evitar la eyaculación, limitar la pérdida de ching, y, por utilización del yin o fuerza femenina aumentar su caudal.

CH’I. ch. <Aire, vapor; éter; energía [o espíritu vital]; atmósfera; fuerza, temperamento>. Concepto central del taoísmo y de la medicina china. 1. En la concepción taoísta, el ch´i es la fuerza o energía vital, el hálito o espíritu cósmico que penetra y anima a todos los seres, idéntico por lo tanto a la energía primordial (yüan-ch’i). Dentro del cuerpo humano el ch’i se acumula en el <mar del hálito> (cinabrio inferior), próximo a la zona del ombligo. Este ch’i debe ser cuidadosamente resguardado para impedir que se disperse, lo que ocasionaría la enfermedad y la muerte. El ch’i como energía vital está en el centro de los ejercicios respiratorios taoístas, cuya finalidad es vigorizarlo y acrecentarlo. Este control de ch’i puede proporcionar al adepto taoísta facultades extraordinarias, que, por ejemplo, desempeñan un papel esencial en las diversas artes marciales. También las técnicas respiratorias de meditación de la alquimia interna (nei-tan) operan con el ch’i, al cual procuran purificar y transformar.
El gran maestro de la alquimia taoísta Ko-hung, en su obra Pao-p’u-tzu, dice acerca de la importancia del ch’i: <El hombre está en el ch’i y el ch’i está dentro del hombre. El cielo y la tierra y los diez mil seres, o sea todo lo existente necesitan del ch’i para mantenerse con vida. El hombre que sabe como hacer circular su ch’i preserva su persona y expulsa los males que pudieran dañarlo>.

2. Además de esta idea del ch’i como energía cósmica, el término significa también la respiración, el aire aspirado y espirado, lo que en el taoísmo se designa el ch’i externo (wai-ch’i)

4. En la medicina china, se entiende originariamente por ch’i la energía vital general, que circula por el cuerpo, según los llamados meridianos, regulando la formación y el crecimiento del mismo. Las enfermedades se deben a trastornos o bloqueos de esa circulación.

5. Los aspectos del ch’i como energía vital y como respiración son, sin embargo, inseparables. Además el término refiere a los aspectos emocionales y, en la concepción moderna, también a la actividad del sistema neurohormonal.

Según la concepción taoísta, el cosmos se origina del Tao, lo Uno, en cuyo seno el yin y el yang se hallan indiferenciados en el ch’i primordial (yüan-ch’i). Por la separación del yin y el yang se producen el cielo y la tierra, de cuya unión ulterior han surgido los diez mil seres (la creación entera). En un texto taoísta se dice al respecto:

<Cuando el cielo y la tierra no estaban aún separados, nada había sino el indiferenciado Uno. Este Uno se dividió y surgieron el yin y el yang. Lo que recibió el yang-ch’i se elevo limpio y claro y fue al cielo. Lo que recibió el yin-ch’i bajó grave y tórbido a la profundidad y fue la tierra. Y lo que en modo justo y equilibrado recibió tanto el yin-ch’i como el yang-ch’i, fue el hombre>.

Como el hombre, también el cielo y la tierra respiran. Como el hombre, el hálito es puro en la inspiración, impurificado en la espiración. Por eso el día se divide en dos secciones: el tiempo de ch’i viviente, mientras cielo y tierra inspiran, entre medianoche y mediodía; y el tiempo del ch’i muerto, entre mediodía y medianoche, en que el cielo y la tierra espiran. Sólo durante el período del ch’i viviente pueden ejecutarse los ejercicios respiratorios taoístas, pues sólo entonces puede el ser humano absorber energía positiva.

SHEN. ch. <Espíritu; divinidad>. En el taoísmo, designa: 1) Las divinidades que habitan el universo y también, según la concepción de algunas escuelas, en la interioridad del cuerpo; y 2) El espíritu o personalidad espiritual, una de las tres energías vitales del ser humano.

El shen como personalidad espiritual resulta de la unión entre el ching, la esencia o simiente, y la energía primordial (yüan-ch’i) del universo, y entra en el cuerpo con la primera inhalación del ser humano. En el momento de la muerte, vuelve a salir de él. El shen tiene su sede en el campo de cinabrio superior (tan-t’ien*) y rige en el hombre el sentir y el pensar.

Según las escuelas de meditación taoísta, el shen microcósmico comprende dos aspectos: el shih-shen, la mente o conciencia empírica, y el yüan-shen o conciencia espiritual. El shih-shen consiste en los sentidos y la sensibilidad La operación alquímica propiamente dicha comienza por el establecimiento de un circuito energético interno, llamado <circuito celeste menor> (la circulación menor u órbita microcósmica), que parte del corazón y baja hasta la mitad del vientre, hacia los riñones. Los textos taoístas suelen relacionar las etapas de este trayecto con diversas categorías, como los cinco elementos, las estaciones del año, los puntos cardinales, órganos del cuerpo, animales, etc. Este circuito menor es la base del mayor (la circulación mayor u órbita macrocósmica), que comprende la totalidad del cuerpo. En él, la energía asciende desde el extremo inferior de la columna vertebral, a través de ésta hasta el cráneo, y se desplaza por la cabeza y el rostro, baja por el pecho y abdomen, y se cierra en el punto de partida. El trayecto ascendente a lo largo de la columna vertebral se denomina tu-mai o <trayecto controlado>. Los centros más importantes de éste recorrido se sitúan: 1. en el extremo inferior de la columna; 2. en la zona renal; 3. en el centro de la columna; 4. en la articulación de la columna con el cráneo. De estos centros, el más alto se denomina <campo de cinabrio superior> (tan-tien) o, más exactamente, ni-huan. El trayecto descendente es el jen-mai o <trayecto involuntario o espontáneo>. Los centros más importantes de este trayecto son los campos de cinabrio medio e inferior, <la sala amarilla>, situada en el centro del vientre, y el <palacio de la luz>, situado entre ambos ojos.

El circuito total se divide, en los textos alquímicos, en 12 secciones, simbolizadas por hexagramas del I-ching o por signos cíclicos cronológicos, en correspondencia con los meses o con las doce divisiones horarias del día. Los textos designan también a menudo los trayectos ascendentes y descendentes del circuito energético como la unión del k’an y el li, o el dragón (de naturaleza yang) con el tigre (de naturaleza yin), unión en la que se cumple el objetivo del nei-tan. Exposiciones detalladas del nei-tan se encuentran en Chan Chung-yuan, 1963, y Miyuki, 1984.
CHING. ch. <Simiente; semen, esperma>. Una de las tres fuerzas vitales a cuyo mutuo juego se debe, según la concepción taoísta, la conservación de la vida; las dos restantes son el hálito o energía vital (ch’i) y la mente junto con la conciencia (shen). Ching designa propiamente el esperma viril y la sangre menstrual, pero los textos taoístas no entienden generalmente el término en este sentido concreto, sino en el de una esencia o sustancia sutil, capaz de unirse con el ch’i. El ching se produce en el ching-she o morada del ching, en las proximidades del campo de cinabrio inferior (tan-t’ien*). Si el cuerpo lo contiene en medida escasa, el hombre enferma; si llega a agotarse del todo, el resultado es la muerte. Por eso el adepto taoísta procura, por medio de diversas prácticas sexuales que se basan fundamentalmente en evitar la eyaculación, limitar la pérdida de ching, y, por utilización del yin o fuerza femenina aumentar su caudal.

CH’I. ch. <Aire, vapor; éter; energía [o espíritu vital]; atmósfera; fuerza, temperamento>. Concepto central del taoísmo y de la medicina china. 1. En la concepción taoísta, el ch´i es la fuerza o energía vital, el hálito o espíritu cósmico que penetra y anima a todos los seres, idéntico por lo tanto a la energía primordial (yüan-ch’i). Dentro del cuerpo humano el ch’i se acumula en el <mar del hálito> (cinabrio inferior), próximo a la zona del ombligo. Este ch’i debe ser cuidadosamente resguardado para impedir que se disperse, lo que ocasionaría la enfermedad y la muerte. El ch’i como energía vital está en el centro de los ejercicios respiratorios taoístas, cuya finalidad es vigorizarlo y acrecentarlo. Este control de ch’i puede proporcionar al adepto taoísta facultades extraordinarias, que, por ejemplo, desempeñan un papel esencial en las diversas artes marciales. También las técnicas respiratorias de meditación de la alquimia interna (nei-tan) operan con el ch’i, al cual procuran purificar y transformar.
El gran maestro de la alquimia taoísta Ko-hung, en su obra Pao-p’u-tzu, dice acerca de la importancia del ch’i: <El hombre está en el ch’i y el ch’i está dentro del hombre. El cielo y la tierra y los diez mil seres, o sea todo lo existente necesitan del ch’i para mantenerse con vida. El hombre que sabe como hacer circular su ch’i preserva su persona y expulsa los males que pudieran dañarlo>.

2. Además de esta idea del ch’i como energía cósmica, el término significa también la respiración, el aire aspirado y espirado, lo que en el taoísmo se designa el ch’i externo (wai-ch’i ).

4. En la medicina china, se entiende originariamente por ch’i la energía vital general, que circula por el cuerpo, según los llamados meridianos, regulando la formación y el crecimiento del mismo. Las enfermedades se deben a trastornos o bloqueos de esa circulación.

5. Los aspectos del ch’i como energía vital y como respiración son, sin embargo, inseparables. Además el término refiere a los aspectos emocionales y, en la concepción moderna, también a la actividad del sistema neurohormonal.

Según la concepción taoísta, el cosmos se origina del Tao, lo Uno, en cuyo seno el yin y el yang se hallan indiferenciados en el ch’i primordial (yüan-ch’i). Por la separación del yin y el yang se producen el cielo y la tierra, de cuya unión ulterior han surgido los diez mil seres (la creación entera). En un texto taoísta se dice al respecto:

<Cuando el cielo y la tierra no estaban aún separados, nada había sino el indiferenciado Uno. Este Uno se dividió y surgieron el yin y el yang. Lo que recibió el yang-ch’i se elevo limpio y claro y fue al cielo. Lo que recibió el yin-ch’i bajó grave y tórbido a la profundidad y fue la tierra. Y lo que en modo justo y equilibrado recibió tanto el yin-ch’i como el yang-ch’i, fue el hombre>.

Como el hombre, también el cielo y la tierra respiran. Como el hombre, el hálito es puro en la inspiración, impurificado en la espiración. Por eso el día se divide en dos secciones: el tiempo de ch’i viviente, mientras cielo y tierra inspiran, entre medianoche y mediodía; y el tiempo del ch’i muerto, entre mediodía y medianoche, en que el cielo y la tierra espiran. Sólo durante el período del ch’i viviente pueden ejecutarse los ejercicios respiratorios taoístas, pues sólo entonces puede el ser humano absorber energía positiva.

SHEN. ch. <Espíritu; divinidad>. En el taoísmo, designa: 1) Las divinidades que habitan el universo y también, según la concepción de algunas escuelas, en la interioridad del cuerpo; y 2) El espíritu o personalidad espiritual, una de las tres energías vitales del ser humano.

El shen como personalidad espiritual resulta de la unión entre el ching, la esencia o simiente, y la energía primordial (yüan-ch’i) del universo, y entra en el cuerpo con la primera inhalación del ser humano. En el momento de la muerte, vuelve a salir de él. El shen tiene su sede en el campo de cinabrio superior (tan-t’ien*) y rige en el hombre el sentir y el pensar.

Según las escuelas de meditación taoísta, el shen microcósmico comprende dos aspectos: el shih-shen, la mente o conciencia empírica, y el yüan-shen o conciencia espiritual. El shih-shen consiste en los sentidos y la sensibilidad en general, las percepciones, los pensamientos, etc., de que el hombre se apropia en el curso de su existencia. El yüan-shen, o componente propiamente espiritual subsistía ya antes del nacimiento. Es parte de la energía que compenetra la totalidad del universo. Después del nacimiento, permanece imperceptible, pues lo encubre el shih-shen. Según las doctrinas taoístas, por medio de la meditación es posible hacer aflorar nuevamente el yüan-shen y excluir el shih-shen.

YIN-YANG. ch. Par de energías polares cuya interacción produce la totalidad del universo. El yin y yang son las manifestaciones polares del Tao o del Gran Extremo (realidad última), a las que corresponden como entidades manifestativas la tierra y el cielo, respectivamente. La combinación del yin y el yang da origen a los cinco elementos (agua, fuego, madera, metal y tierra), que a su vez produce los diez mil seres. Este proceso de generación de todos los fenómenos se concibe de modo cíclico, como un perene flujo de surgimientos y desapariciones, en que todo, cuando ha alcanzado su desarrollo extremo, se trasmuta en su polo opuesto. La cualidad fundamental del yin-yang es producir esta perpetua secuencia de mutaciones. La mutación es el movimiento del Tao.

También la construcción de los hexagramas del Libro de las mutaciones
(I-ching), del cual procede el concepto de yin-yang, refleja la concepción de que todas las cosas y situaciones surgen de una combinación de ambos principios. Los hexagramas ch’ien y k’un representan respectivamente el puro yang y el puro yin; todos los demás son combinaciones a partir de estas dos figuras fundamentales.

En el sistema de correspondencias entre microcosmo y macrocosmo, el yin y el yang se asignan a otras diversas cualidades y fenómenos. Yin es lo femenino, pasivo, receptivo, oscuro, blando; son símbolos yin la luna, el agua, la nube, el tigre y la tortuga, el norte, el color negro, el plomo y los números pares. Yang es lo masculino, activo, creativo, claro y duro; son símbolos yang el sol, el fuego, el dragón, el sur, el color rojo, el mercurio y los números impares; etc.

El yin-yang se representa con un símbolo muy conocido. Este diafragma muestra la constitución del universo por el yin (negro) y el yang (blanco), que sólo así juntos forman una totalidad. Los dos puntos indican que cada una de las dos energías, en el punto culminante de su desarrollo, lleva ya el germen de su opuesto polar e inicia su transmutación en éste.

SHENG-T’AI. ch. <Embrión sagrado>. Según las concepciones taoístas, forma embrionaria que se constituye por fusión del ch’i interno (nei-chi) y la esencia o simiente (ching) en el campo de cinabrio inferior (tan-t’ien*), es nutrida por la respiración y se desarrolla paulatinamente como una nueva corporeidad de naturaleza pura dentro del cuerpo físico. Representa el alma inmortal en el taoísmo: Cuando el cuerpo físico muere, esa corporeidad pura abandona la envoltura mortal, y el adepto se convierte en uno de los inmortales (hsien*). En muchos textos de la alquimia o elixir interno, la formación del embrión sagrado se describe exactamente con los conceptos de la alquimia externa y nueve etapas, análogas a la de la práctica alquímica de las nueve sublimaciones del cinabrio:

1. El ch’i circula libremente y sin obstáculos por todo el cuerpo.
2. La simiente o esencia (ching) se concentra en el campo del cinabrio inferior.
3. Comienza a formarse el <embrión sagrado>, asumiendo la forma de un embrión natural humano.
4. Se constituyen las dos almas (alma espiritual y alma corporal)
del embrión sagrado.
5. Este queda enteramente constituido y dispone de diversos
poderes preternaturales.
6. El yin y el yang internos y externos alcanzan máxima intensidad, y el embrión forma una unidad con el adepto.
7. Las cinco vísceras (wu-tsang) naturales, por la acción del ch’i, se transforman en las de un inmortal.
8. Se produce una especie de cordón umbilical por el cual fluye la
respiración embrional.
9. La forma y el Tao se reunen unificándose: bajo los pies del adepto se forman nubes sobre las cuales puede ascender a los cielos (fei-sheng*): La metamorfosis está cumplida.

En otros textos, menos influidos por la alquimia o elixir externo, el embrión sagrado se describe, en el período inicial de su desarrollo, como una perla o como una gota de color herrumbre. Wei P’o-yang lo designa como un <niño (de) perla>; en otros textos se lo denomina <la perla misteriosa>. A menudo se le compara con un grano de trigo o una gota de agua. En las orientaciones sincretistas en que confluyen taoísmo, budismo y confucionismo, la noción del sheng-t’ai se equipara a la budista del Trikaya. El término sheng-t’ai se encuentran también en textos de Tsung-mi, uno de los patriarcas de la escuela búdica china Hua-yen*: Al referirse a los orígenes del zen, habla de nutrir el espíritu y hacer que se genere el embrión sagrado. También el célebre maestro del zen del siglo VIII Ma-tsu Tao-i utiliza ese concepto.

TAN-T’IEN. ch. <Campo de cinabrio> ;o campo de elixir de inmortalidad. Se designan así tres zonas del cuerpo por las que fluye la energía o hálito vital: El campo de cinabrio superior se encuentra en el encéfalo; el campo de cinabrio medio se encuentra en la zona del corazón; y el campo de cinabrio inferior en la zona umbilical.
El campo de cinabrio inferior a menudo identificado con el <mar de energías> o <mar de hálito>, es de particular importancia en diversas prácticas de prolongación de la vida. En el se acumula el ch’i, y además es el repositorio, en el hombre, del semen, y en la mujer, de la sangre menstrual.

Comentario: Los tan-t’ien de los taoístas equivalen, en cierta forma, a los chakra de la filosofía hindú; pero mientras que el hinduismo localiza siete zonas o chakra en el cuerpo humano, partiendo del perineo hacia arriba y hasta la coronilla, los taoísta solamente refieren tres: en la zona umbilical, en la zona del corazón y en la zona de la cabeza.

Las nueve etapas para la formación del embrión sagrado o embrion del tao (cuerpo de luz) que aquí se mencionan, corresponden con las cuatro fórmulas secretas de la enseñanza del embrión del Tao que se explican en la segunda parte del libro, como sigue: la etapa 1 con la primera fórmula (recolección de la luz); las etapas 2 a la 7 con la segunda fórmula (nacimiento del embrión en el espacio de la fuerza (cinabrio inferior); la etapa 8 con la tercera fórmula (separación del cuerpo-espíritu para la existencia independiente); y la etapa 9 con la cuarta fórmula (contemplación fijativa para la consolidación de la iluminación).

Una vez lograda la construcción del embrión sagrado o cuerpo de luz, se abren dos posibilidades para el adepto, ahora convertido en inmortal: Permanecer en el mundo y remontarse al reino de la luz una vez que el cuerpo físico muere, o ascender corporalmente tal y como se explica más adelante (fei-sheng*, shih-chieh*).


B) La inmortalidad corporal: Hsein

HSIEN. ch. <Inmortal>Ideal del taoísmo religioso (Tao-chiao). Se designa así a un ser que ha alcanzado la inmortalidad corpórea, se ha elevado sobre el <mundo del polvo> y dispone de múltiples facultades mágicas. El taoísmo conoce diversos métodos para devolver al cuerpo aquellas energías puras que poseía para su nacimiento, y alcanzar con ellas la inmortalidad. Unos procuran elaborar por vía alquímica el elixir de la longevidad (wai-tan), otros se valen de ejercicios higiénicos*, ejercicios respiratorios*, gimnasia*, prácticas sexuales*, ayuno o meditación*.

• Ejercicios higiénicos

CH’I-KUNG (qigong). Ch. Aproximadamente <elaboración de la energía (ch’i)>. Ejercicios higiénicos chinos, que contienen elementos budistas y taoístas y desempeñan un papel esencial en la medicina autóctona. A ellos pertenecen, entre otras, prácticas para regular el cuerpo, la mente (o sea, para apaciguar la actividad mental) y la respiración (por ejemplo el t’u-ku na-hsin*), ejercicios de movimiento como el t’ai-chi-ch’uan*, el Tao-yin*, automasajes, etc. En el más ámplio sentido, pueden considerarse parte de ellos también las diversas artes marciales (wa-shu).

Las prácticas de ch’i-kung se dividen generalmente en dos grupos: El trabajo activo (tung-kung) y el pasivo (ching-kung). Las prácticas llamadas pasivas se ejecutan en posición tendida, sentada o de pie, y procuran lograr la relajación del cuerpo, la regularización de la respiración y una interiorización de la mente. Se las denomina también <trabajo interior> (nei-kung (neigong)).

Las prácticas llamadas activas consisten en secuencias de movimientos que tienen por objeto la coordinación de la conciencia y la respiración con los movimientos de las extremidades; se les denomina también <trabajo exterior> (wai-kung (waigong) ).
• Ejercicios respiratorios

T’U-KU NA’HSIN. ch. <Expeler lo viejo (y) aprehender lo nuevo>. Ejercicios de respiración taoísta. Se exhala por la boca lo mas completamente posible el aire ya utilizado, y se inspira por las fosas nasales el aire fresco, de modo que este llene al máximo los pulmones. Por medio de esta técnica, se expulsa al <hálito muerto> y se absorbe <hálito vivo>, condición necesaria para alcanzar la inmortalidad. El t’u-na es uno de los diversos métodos de nutrición del cuerpo o de la vida. La exhalación del <hálito muerto> se puede acompañar por seis sonidos diversos, cada uno de los cuales obra sobre un determinado órgano interno y tiene una virtud terapéutica específica.

Si se expele el aire con el sonido ch’i (ki) se obra sobre los pulmones y puede curarse la tisis; si es con el sonido ho (he) se opera sobre el corazón y se alivia el dolor de cabeza; si con hsu (xu), el efecto es sobre el hígado y beneficioso para una constitución flemática; si es con hu (hu), se obra sobre el bazo y se baja la fiebre; si es con ch’ui (chui), se obra sobre los riñones y se previenen resfriados; si es con hsi (xi), el efecto es sobre el tracto digestivo y el sistema urogenital y se alivian los dolores reumáticos.

T’AI-HSI. ch. <Respiración embrional>. Práctica de meditación taoísta destinada a lograr la perpetuidad de la vida. Consiste en aprender a respirar como el embrión en el seno materno. Fundamentalmente, constituye una combinación entre la retención y la circulación del hálito, de modo de producir un <cuerpo de inmortalidad> (embrión sagrado) nutrido por el hálito. A la muerte del adepto, este embrión se separa del cadáver (shih-chieh*) y se desarrolla en forma de un inmortal (hsien*).

Se comienza por la práctica de retención del hálito: En el curso de ejercicios diarios, se retiene el aire primero durante 3, 5, 7, 9 latidos cardiacos, y luego se va aumentando paulatinamente hasta alrededor de 1.000. Desde este punto, el practicante está en condiciones de curar por medio de la respiración sus enfermedades, y aproximarse a la inmortalidad. El hálito así retenido se hace circular guiándolo por el cuerpo. Esta circulación guiada se opera gracias a la visión interna. Normalmente, el aire inhalado pasa por el corazón y el bazo, y de aquél, al hígado y los riñones, pero el taoísta procura guiar el hálito hasta el campo de cinabrio inferior (tan-t’ien*), en la zona umbilical, y de aquí hasta la planta de los pies. Después debe dirigirlo a lo largo de la espina dorsal hasta el cerebro, es decir, hasta el campo de cinabrio superior, hacerlo descender al tórax (campo del cinabrio medio) y, a través de los pulmones, volver por la tráquea. Una vez que el aire llega de retorno a la garganta, se va deglutiendo: Así se nutre uno con el hálito. A la vez que se realiza esta circulación del aire, se trata de producir el máximo posible de saliva, lo que se favorece oprimiendo la lengua contra las encías; y la saliva se deglute junto con el hálito. Hálito y saliva constituyen la mejor nutrición para el aspirante a la inmortalidad: El cuerpo se va haciendo liviano y transparente, hasta poder montar sobre las nubes (fei-sheng*).

Para comprender el sentido de la respiración embrional en el taoísmo, se debe tener presente que, según esta concepción, el hombre consiste en hálito, o sea, en energía vital (ch’i). El cuerpo humano está formado por energías groseras, de naturaleza térrea, mientras que la vitalidad es la energía que circula entre la tierra y el cielo. Si se quiere lograr la inmortalidad, las energías groseras deben substituirse por energías puras o sutiles. Para ello es menester, a la vez que la práctica del t’ai-hsi, la abstención de cereales y granos en general, que también consisten en energías grosera o térreas.



• Gimnasia

TAO-YIN. ch. De tao, <vía-método-dirección>, y yin, <estirar>; interpretable como <estiramiento y contracción del cuerpo>. Ejercicio taoísta de dirección del hálito, mediante la combinación de prácticas respiratorias y gimnásticas que activan y facilitan la circulación del hálito por el cuerpo disipando tensiones y bloqueos. El tao-yin puede utilizarse también como ejercicio higiénico de por sí; la concepción taoísta considera que elimina tanto las enfermedades como el ch’i negativo, y prolonga la vida, empleándose como ejercicio preliminar al de <circulación del hálito> (hsing-ch’i). Se conocen diversas series de tao-yin, provenientes de inmortales como P’eng-tzu o Lu Tung-pin.


• Prácticas sexuales

FANG-CHUNG SHU. ch. <Artes de la cámara interior>. Nombre conjunto de las diversas técnicas sexuales taoístas que llevan a la realización del Tao y al logro de la inmortalidad (ch’ang-sheng pu-szu*). Tales técnicas tienen por objeto inmedi