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El Sendero hacia la Luz
INTRODUCCIÓN
Conforme el hombre evoluciona, va desarrollando sus
facultades y ascendiendo lentamente de un estado de
conciencia hacia otros superiores cada vez más
elevados. Los últimos estados o peldaños del
peregrinaje son referidos como el Sendero de la
Iniciación y frecuentemente las religiones y
filosofías profundas lo dividen en cinco pasos. En
ningún lado ha sido esto más claramente ilustrado
para el público en general que en la vida de Jesús
el Cristo, donde cada iniciación era precedida por
un momento culminante de su vida, representando con
esto el recorrido del sendero que conduce a la
iluminación
PRIMERA INICIACIÓN: BAUTIZO DE JESÚS
La primera iniciación en la vida de Jesús está
representada por el Bautizo en el Jordán, indicando
la infusión del fuego del Espíritu Santo en el
hombre. Juan el Bautista se refirió a este fuego, ya
manifiesto en Cristo Jesús, cuando dijo: "Yo, a la
verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más
poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la
correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu
Santo y fuego”.
El fuego es liberado* dentro del verdadero aspirante
por diversos medios: por la constante aspiración y
deseo de conocer la ley de Dios, por el llamado
incesante a través de la oración para que el poder
del Espíritu Santo entre en nosotros, por el
sentimiento de profundo amor hacia lo divino y por
la compasión ilimitada hacia la humanidad
sufriente**, por medio de decretos y afirmaciones
que refuercen en uno la unidad con nuestra fuente
espiritual, por la meditación y por ciertas técnicas
de yoga y otras destinadas a ello.
En un sentido muy real podemos decir que la
evolución de tu conciencia o de tu naturaleza
espiritual, no es sino la manifestación progresiva
en tí de este fuego, que una vez liberado empieza a
actuar bajo la dirección de Dios en tu propio
organismo, con o sin el esfuerzo consciente de la
mente finita. La segunda iniciación en la vida de
Jesús está representada por la
* Cuando el fuego del Espíritu Santo es liberado
asciende desde la base del tronco del iniciado (la
Madre) y desciende desde arriba y afuera de la
cabeza del iniciado (el Padre).
** El cristianismo, lo mismo que el bhakti-yoga del
hinduismo, es un camino devocional. Este camino
utiliza el amor a Dios, a nuestros semejantes y a la
vida en general, como medio para liberar o prender
el fuego sagrado dentro del devoto; el fuego, una
vez liberado dentro del iniciado trabajará
incesantemente hasta conducirlo de regreso al
Absoluto, a través del mecanismo de la ascensión
(quinta iniciación).
SEGUNDA INICIACIÓN: TENTACIÓN EN EL DESIERTO
La segunda iniciación en la vida de Jesús está
representada por la tentación en el desierto,
indicando la lucha del fuego del Espíritu Santo
contra las impurezas de la mente consciente y
subconsciente del iniciado que luchan por
sobrevivir, representadas como las fuerzas de la
oscuridad.
Debes imaginar estas impureza como si fueran una
energía sucia e indeseable que no sólo penetra el
cuerpo del hombre sino que lo rodea como una nube
oscura hasta, aproximadamente, la distancia que
alcanzan tus manos extendidas. Estas energías
indeseables son las que deben ser quemadas y
disueltas por la acción purificadora del fuego
sagrado. Estas impurezas en la mente nos incitan
continuamente a ceder ante las bajas pasiones y
renunciar a nuestros grandes ideales espirituales.
El fuego sagrado que se despierta en el iniciado es
purificador en esencia; consume todo aquello que no
es de su propia naturaleza espiritual. Conforme
avanza en su proceso regenerador quema, disuelve y
transmuta todas las energías obscuras que penetran y
rodean al iniciado transmutándolas en luz. Tal es la
acción purificadora del fuego del Espíritu Santo en
el hombre.
La constante aspiración por la vida superior y
espiritual, las meditaciones, oraciones y diversas
técnicas puestas a tu consideración, deben
mantenerse con firmeza en esta etapa del sendero.
Las impurezas en la mente no pueden sobrevivir en
presencia del fuego una vez que ha sido liberado
dentro de uno mismo; sin embargo, si el aspirante
desea absurdamente retener dichas impurezas, esto
puede retardar, innecesariamente, el proceso
regenerador y purificador.
TERCERA INICIACIÓN: TRANSFIGURACIÓN EN EL MONTE
TABOR
La tercera iniciación en la vida de Jesús se realiza
por su Transfiguración en el monte Tabor,
demostrando con esto el triunfo del fuego sagrado
del Espíritu Santo sobre las impurezas en la mente
del aspirante: "Él subió a un monte alto en lugar
apartado llevando a Pedro, y a Santiago, y a Juan su
hermano, y se transfiguró delante de ellos; y
resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos
fueron blancos como la luz".
Conforme el proceso regenerador avanza y las
impurezas en la mente que forman el ego ilusorio son
quemadas y consumidas para siempre, un nuevo cuerpo
de luz nace como resultado de la acción purificadora
del fuego sagrado dentro del iniciado. Esta es la
forma en que se cumple la profecía de la ley de la
transmutación de Dios: "Si vuestros pecados fueran
como la grana, como la nieve serán emblanquecidos;
si fueran rojos como el carmesí, vendrán a ser como
la blanca lana".
CUARTA INICIACIÓN: CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN DE
CRISTO
La cuarta iniciación en la vida de Jesús abarca el
sufrimiento en la huerta de Getsemaní, la
crucifixión y la resurrección. El sufrimiento en la
huerta de Getsemaní pone a prueba los últimos
intentos o esfuerzos de las impurezas en la mente o
ego humano por sobrevivir. La crucifixión
corresponde a la extinción del último residuo de
impurezas en la mente y con ello, a la muerte del
ego ilusorio, con la consecuente resurrección de
Cristo en el corazón del iniciado.
Este paso trascendental, conocido como el segundo
nacimiento fue explicado por Jesús a Nicodemo cuando
afirmó: "De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere otra vez, no puede ver el Reino de Dios". Y
ante la confusión de Nicodemo replicó una vez más:
"De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere
del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino
de Dios".
Ahora, el iniciado se ha convertido en un canal de
la sabiduría divina que desciende y lo penetra
continuamente desde arriba y afuera de su cabeza.
Juan dio testimonio de esto al afirmar: "Ví al
Espíritu que descendía del cielo como paloma, y
reposó sobre él". Esta energía viviente, y
procedente del Espíritu Santo, agita al Cristo en el
corazón del iniciado e irradia, en todos sentidos y
direcciones, un poderoso cuerpo de luz.
El hombre ordinario, aunque recibe la energía que le
da la vida desde lo alto, desde "la luz que ilumina
a todo hombre que viene al mundo", obstaculiza su
paso. Interpone la ensombrecedora mentalidad
pasional, destructiva y egoísta y crea una densa
nube de energías indeseables, a la que hemos hecho
referencia anteriormente.
El iniciado debe aprovechar la viviente y suprema
energía que recibe desde lo alto. De la manera más
amorosa y bondadosa posible, evitará degradarla en
perjuicio de sí mismo y de los demás. Debe recordar,
siempre, que conforme el proceso avance y la divina
luz brille más pura en su interior, iluminará mejor
a sus hermanos; y que si acaso ocupa en la escala
del progreso un peldaño elevado, es únicamente para
tenderles una mano compasiva y atraerlos hacia la
meta que todos debemos alcanzar.
QUINTA INICIACIÓN: ASCENSIÓN EN BETANIA
La quinta iniciación en la vida de Jesús corresponde
a su ascensión en Betania. Es el momento de la
fusión total del iniciado con la mente espiritual.
Del Hijo (Cristo) con el Padre.
El iniciado siente ahora una necesidad imperiosa de
regresar a la fuente espiritual que lo atrae como un
poderoso e irresistible imán. Sus energías
conscientes, ya transmutadas en luz, se dirijen
hacia arriba y afuera de la cabeza en un acto de
adoración ferviente hacia la divinidad. El Padre, al
recibir el amor de su Hijo, desciende entonces
envolviéndolo y cubriéndolo con esa luz gloriosa que
el hombre conoció en el principio,
"antes de que el mundo fuese".
Recordarás que en el misticismo cristiano existe,
como pilar fundamental de esta santa enseñanza, el
misterio de la redención. La palabra redención,
textualmente, quiere decir rescate. Es utilizada en
el sentido de que Jesucristo vino al mundo a redimir
o rescatar a la humanidad del pecado. El pecado se
refiere, precisamente, al cúmulo de impurezas del
cual el peregrino espiritual debe limpiar su mente,
liberándose así de las pasiones indomables que lo
atan implacablemente a los intereses del mundo. El
último paso de este rescate, y por ello el triunfo
del misterio de la redención, se logra con el
mecanismo de la ascensión, que libera y fusiona al
ascendido con nuestra fuente espiritual. Esta es la
única y verdadera meta de toda la humanidad, de cada
hijo y de cada hija de Dios. Este estado de fusión
con la divinidad fue descrita por Jesús, cuando
declaro: "Yo y mi Padre somos uno". Hasta que el
alma y su fuente espiritual se fusionan en uno, la
redención se ha completado, se logra la "eterna
resurrección" y se puede ascender al Padre.
“En lo cual es de
saber, que antes que este divino fuego de amor se
introduzca y se una en la sustancia del alma, por
acabada y perfecta purgación y pureza, esta llama,
que es el Espíritu Santo, está hiriendo en el alma,
gastándole y consumiéndole las imperfecciones de sus
malos hábitos; y ésta es la operación del Espíritu
Santo, en la cual la dispone para la divina unión y
transformación de amor en Dios. Porque es de saber
que el mismo fuego de amor que después se une con el
alma glorificándola, es el que antes la embiste
purgándola; bien así como el mismo fuego que entra
en el madero es el que primero le está embistiendo e
hiriendo con su llama, enjugándole y desnudándole de
sus feos accidentes, hasta disponerle con su calor,
tanto que pueda entrar en él y transformarle en sí;
y esto llaman los espirituales vía purgativa”.
San Juan de la Cruz
Llama de amor viva |
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