Santa Teresa de Jesus

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DESPERTAR DE LA CONCIENCIA ESPIRITUAL EN EL CRISTIANISMO


Místicos Cristianos de Occidente


Por: Sambhu

 

Índice:

San Juan de la Cruz: Llama de amor viva

Santa Teresa de Jesús: Las moradas del castillo interior


Santa Teresa de Jesús
Las Moradas del Castillo Interior (Mística del Vacío)


SU VIDA


- (1515) Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo.
- (1532) Muerta su madre, entró a estudiar en el convento de las Agustinas
de Gracia.
- (1537) Ingresó como monja en el convento de la Encarnación y, afectada por una grave enfermadad, quedó paralítica, permaneciendo así durante dos años.
- (1562) Intentó una reforma de la Orden de las Carmelitas. Así, el 24 de agosto, día de San Bartolomé, recibieron el hábito cuatro Carmelitas Descalzas.
- (1567) Fundó el convento de las Carmelitas Descalzas de Medina del Campo.
- (1568) Fundó los conventos de Málaga y Valladolid.
- (1569) Fundó el convento de Toledo. El 9 de julio fundó el convento de Pastrana, pero por problemas con la princesa de Éboli es denunciada a la Inquisición.
- (1570) Fundó el convento de Salamanca.
- (1571) Fundó el convento de Alba de Tormes.
- (1574) Fundó el convento de Segovia.
- (1575) Fundó los conventos de Beas y Sevilla.
- (1576) Fundó el convento de Caravaca.
- (1580) Fundó los conventos de Villanueva de la Jara y Palencia.
- (1581) Fundó el convento de Soria.
- (1582) Fundó el convento de Burgos y al mismo tiempo el de Granada, con la ayuda de Juan de la Cruz y Ana de Jesús.
Santa Teresa impulsó también la reforma de los conventos de Calzados y así, en vida de la santa, se fundaron los conventos de Pastrana (1569), Alcalá de Henares (1570), Altamira (1571), La Roda (1572), Granada (1573), La Peñuela y Sevilla (1574), Almodovar del Campo 1575), El Calvario (1576), Baeza (1579), Valladolid y Salamanca (1581) y Lisboa (1582).
- (1582) Santa Teresa murió el 4 de octubre de 1582, en Alba de Tormes, mientras se encontraba de viaje para visitar algunos de sus conventos.
- Fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622.
Teresa de Jesús constituye, junto con Juan de la Cruz, la cumbre de la literatura mística de Occidente



SU OBRA


Los libros escritos por Santa Teresa son:

- Vida de Santa Teresa de Jesús y algunas de las mercedes que Dios le hizo, escritas por ella misma por mandato de su confesor.
- Relaciones espirituales, dirigidas a su confesor.
- Camino de perfección, dirigido a las monjas descalzas de Nuestra Señora del Carmen de la Primera Regla.
- Castillo interior o Las moradas, dirigido a sus hermanas e hijas las monjas Carmelitas Descalzas.
- Conceptos del amor de Dios.
- Exclamaciones del alma a Dios.
- Libro de las fundaciones.
- Constituciones.
- Modos de visitar los conventos de las Carmelitas Descalzas.
- Avisos de la madre Teresa para sus monjas.
- Respuesta de Teresa a un desafío espiritual.
- Vejamen dado por Teresa a varios escritos sobre las palabras
“Búscate en Mí”.
- Poesías.
- Epistolario (437 cartas salvadas íntegramente).



COMENTARIO SOBRE LAS MORADAS
DEL CASTILLO INTERIOR



Síntesis y corona de la mística occidental

El padre Diego de Yepes, confesor de Teresa de Ávila, escribió sobre Las moradas del castillo interior los siguientes extractos:

“El castillo interior o Las moradas es un libro que señala la cumbre de la historia del espíritu humano, pero del espíritu humano asistido por el Espíritu de Dios”; “Es pues un libro sagrado”; “bien claro se ve en este tratado la comunicación que tuvo la santa con Nuestro Señor”; “todo el bien que desde aquel punto hacía lo refería a Dios como autor y movedor principal”.

León XIII escribió lo siguiente:

“La iglesia, por boca de sus pontífices, declara doctrina revelada la doctrina de Teresa de Jesús. Es, pues, el de Las moradas un libro sagrado, un monumento de la teología mística, una síntesis de la obra teresiana, que es toda ella admirable significación de la doctrina que andaba dispersa en las obras de los santos padres; un asombroso estudio de introspección y un nuevo apocalipsis del amor”.



EL PLAN DE LAS MORADAS DEL CASTILLO INTERIOR


El plan de Las moradas es sencillo y directo:


La primera morada explica la situación del hombre ordinario que vive fuera del castillo del alma (hombre <dormido>*), encantado y aprisionado por los asuntos del mundo. Explica también la forma para entrar dentro del castillo del alma (hombre <despierto>*). Este paso fundamental, una vez dado, marca la diferencia entre el hombre ordinario y aquel que ha iniciado el viaje o sendero de regreso a su esencia espiritual.

La segunda morada explica la batalla o resistencia que ofrece nuestra naturaleza humana inferior o ego (hombre <dormido>) una vez que hemos iniciado el viaje de regreso a nuestra esencia espiritual.

La tercera morada explica que, una vez ganada la batalla contra nuestra naturaleza inferior, el sendero o viaje de regreso a nuestra esencia espiritual queda libre para ser recorrido con relativa facilidad.

La cuarta morada es el estado de una mente en silencio, calma o reposo (hesychia, en griego) que se ha alcanzado con grandes esfuerzos. Es también la frontera entre el reino humano y el espiritual. El iniciado sólo puede avanzar hasta aquí por sus propias fuerzas; para pasar a las moradas que siguen es Dios el que “lo toma y lo mete ahí” (estado de éxtasis).
La quinta morada es ya, técnicamente, un estado de éxtasis más allá del universo fenoménico, más allá del cuerpo y la mente, donde se vive la unicidad con Dios. Santa Teresa llama a este estado “oración de unión”.

La sexta morada es, en esencia, igual a la anterior, con la diferencia que ahora el iniciado empieza a darse cuenta que conforme el proceso avance terminará fusionándose indisolublemente con Dios. Por eso, Santa Teresa llama a este estado “esposorio espiritual”; es decir, promesa de matrimonio que hace Dios al alma.

La séptima morada es la suprema culminación, en la cual el iniciado se hace indisolublemente uno con Dios. Este es el último peldaño de la escala mística de regreso a Dios: “Yo y el Padre somos uno” (Jn. 10:30). Santa Teresa lo llama “matrimonio espiritual”.




GRÁFICA DE LAS MORADAS DEL CASTILLO INTERIOR

LAS MORADAS DEL CASTILLO INTERIOR*


• PRIMERA MORADA

Texto original: “...ahora diré para comenzar con algún fundamento, que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un Paraíso, adonde dice El tiene sus deleites. Pues, ¿qué tal os parece que será el apostento adonde un Rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad, y verdade-ramente, apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, ansí como no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mesmo dice que nos crió a su imagen y semejanza...”.

Comentario: Como vemos en el párrafo anterior, Santa Teresa localiza a Dios dentro del castillo del alma. Más adelante explica que Dios se encuentra en el centro mismo del castillo, en la séptima morada, en la pieza o palacio donde habita el Rey, el Sol que alumbra todo el castillo con su radiante luz.

Para tener una imagen del castillo del alma de Santa Teresa resultaría útil imaginar una esfera donde habita Dios, el Sol central. Esta esfera o palacio central sería la séptima morada. Ahora imaginemos otra esfera mayor que contiene en su interior a la anterior. Esta sería la sexta morada. Ahora Imaginemos otra esfera mayor a la anterior y que contiene en su interior a las dos antes mencionadas. Esta sería la quinta morada. Ahora imaginemos otra esfera, la cuarta morada, que contiene dentro de sí a las anteriores, y así sucesivamente hasta la primera morada, la última exterior y que contiene dentro de sí a las otras seis. Afuera de ésta se encuentra el mundo objetivo, con el cual nos relacionamos a través de los sentidos.


* Para la elaboración del presente trabajo se utilizó el texto Santa Teresa de Jesús, Las moradas del castillo interior de la Colección Clásicos de Siempre, Editorial Fraile, S.A., 1994.


San Juan de la Cruz, al comentar el primer renglón de su Cántico espiritual que trata del ejercicio del amor entre el alma y el esposo Cristo, y que declara, “¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido?”, comenta: “Para lo cual es de notar que el Verbo Hijo de Dios, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, esencial y presencialmente está escondido en el íntimo ser del alma; por tanto, el alma que le ha de hallar conviene salir de todas las cosas (exteriores) según la afición y voluntad y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma (meditación en estado de lucida atención), siéndole todas las cosas como si no fuesen; que por eso San Agustín, hablando en los Soliloquios con Dios, decía: <No te hallaba Señor, de fuera, porque mal te buscaba fuera, que estabas dentro>. Esta, pues, Dios en el alma escondido, y ahí le ha de buscar con amor el buen contemplativo, diciendo: ¿Adonde te escondiste?”.

Texto original: “Pues tornando a nuestro hermoso y deleitoso castillo, hemos de ver como podremos entrar en él. Parece que digo algún disbarate, porque si este castillo es el ánima, claro está que no hay para que entrar, pues se es el mesmo, como parecería desatino decir a uno que entrase en una pieza estando ya dentro. Mas habéis de entender que va mucho de estar a estar (1); que hay muchas almas que se están en la ronda del castillo (2), que es adonde están los que le guardan, y que no se les da nada de entrar dentro, ni saben que hay en aquel tan precioso lugar, ni quien está dentro, ni aun que piezas tiene. Ya habéis en algunos libros de oración aconsejar a el alma que entre dentro de sí (3); pues esto mesmo es”.
Comentario: (1) “Mas habéis de entender que va mucho de estar (en el estado del hombre <dormido>: mente divagante u ocupada con los asuntos del mundo) a estar (en el estado del hombre <despierto>: mente atenta, alerta, vigilante y contemplativa durante la meditación (o fuera de ella))”.

(2) Las “almas que se están en la ronda del castillo” son aquellas que permanecen sólo ocupadas en los asuntos del mundo (hombre <dormido>).

(3) Que “el alma entre dentro de sí” significa entrar en meditación en un estado de lúcida atención; es decir, pasar del estado del hombre <dormido> al estado del hombre <despierto>.

Texto original: “Habéis de notar que en estas moradas primeras aun no llega casi nada la luz que sale del palacio donde está el Rey, porque, aunque no están oscurecidas y negras, como cuando el alma está en pecado, está oscurecida en alguna manera, para que no la pueda ver, el que está en ella, digo, y no por culpa de la pieza, que no se darme a entender, sino porque con tantas cosas malas de culebras y víboras y cosas emponzoñosas que entraron con él (1), no le dejan advertir a la luz. Como si uno entrase en una parte adonde entra mucho sol y llevase tierra en los ojos, que casi no los pudiese abrir; clara está la pieza, mas él no lo goza por el impedimento a causa de estas fieras y bestias, que le hacen cerrar los ojos para no ver sino a ellas. Ansí me parece debe ser un alma, que anque no está en mal estado, está tan metida en cosas del mundo y tan empapada en la hacienda u honra u negocios, como tengo dicho, que, aunque en hecho de verdad se querría ver y gozar de su hermosura, no le dejan ni parece que puede descabullirse de tantos impedimentos. Y conviene mucho para poder entrar a las segundas moradas que procure dar de mano a las cosas y negocios no necesarios (2), cada uno conforme a su estado. Que es cosa que le importa tanto para llegar a la morada principal que, si no comienza a hacer esto, lo tengo por imposible, y aun estar sin mucho peligro en la que está, aunque haya ésta entrado en el castillo, porque, entre cosas tan ponzoñosas, una vez y otra es imposible dejarle de morder” (tentarle, seducirle, distraerle).

Comentario: (1) Las “culebras, víboras y cosas emponzoñosas” o “fieras y bestias” o “sabandijas” son los pensamientos distractores y apasionados que nos mantienen ocupados con los asuntos del mundo (hombre <dormido>) y que durante la meditación, resultan altamente perturbadores. A esto se refiere Santa Teresa cuando comenta que el alma esta tan “metida en las cosas del mundo y tan empapada en la hacienda u honra u negocios” que no puede “descabullirse de tantos impedimentos” y gozar de su propia hermosura.

(2) “Dar de mano (abandonar) a las cosas y negocios no necesarios” es lo mismo que sugiere San Juan de la Cruz, como se ha mencionado anterior-mente: “Por lo tanto, el alma que le ha de hallar (a Dios) conviene salir de todas las cosas (exteriores) según la afición y voluntad y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma (meditación en estado de lucida atención), siendo todas las cosas como si no fuesen”. En el raja-yoga, a este estado de recogimiento en sí se le conoce como “retracción de los sentidos” (Pratyahara).


• SEGUNDA MORADA

Texto original: “Es (trata la segunda morada) de los que ya han comenzado a tener oración y entendido lo que les importa no es quedar en las primeras moradas, mas no tienen aun determinación para dejar muchas veces de estar en ella, porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta mi-sericordia es que algún rato procuren huir de las culebras y cosas empon-zoñosas y entiendan que es bien dejarlas (1). Estos, en parte, tienen harto más trabajo que los primeros (2), aunque no tanto peligro, porque ya parece lo entienden y hay gran esperanza de que entrarán más adentro...”.

Comentario: (1) Que “procuren huir de las culebras y cosas emponzoñosas” significa alcanzar un estado de silencio mental durante la meditación (hesychia, en griego).

(2) “Tienen harto más trabajo” porque en esta segunda etapa de logro, la meditación consiste, precisamente, en purgar la mente, vaciarla de contenidos e impurezas (lagartijas, sabandijas), cosa que resulta trabajoso y cansado.

Pero esta segunda etapa resulta de “no tanto peligro” porque el practicante tiene ya claro lo que es permanecer fuera del castillo (mente divagante u ocupada en los asuntos del mundo) y lo que es permanecer dentro del castillo (atención lucida durante la meditación).

La diferencia esencial entre la primera morada y la segunda es la siguiente: En la primera morada el candidato tiene su primer contacto con el estado de atención lucida durante la meditación (entra dentro del castillo), pero aunado a un flujo insesante de pensamientos e imágenes que aparecen y desaparecen en la esfera de la conciencia (las lagartijas y culebras). En la segunda morada por su parte, lo que el candidato pretende es, precisamente, purgar y vaciar la mente de este flujo insesante de pensamientos e imágenes hasta alcanzar un estado de silencio mental durante la meditación; logro que se alcanza cabalmente en la cuarta morada, como veremos posteriormente.


• TERCERA MORADA

Texto original: “A los que por la misericordia de Dios han vencido estos combates (que se presentan con intensidad en las segundas moradas) y, con la perseverancia, entrando a la tercera morada, ¿que les diremos, sino bienaventurado el varón que teme al Senor? No ha sido poco hacer Su Majestad que entienda yo ahora que quiere decir el romance (las palabras) de este verso a este tiempo, según soy torpe en este caso. Por cierto, con razón le llamamos bienaventurado, pues, si no torna atrás, a lo que podemos entender, lleva camino seguro de su salvación. Aquí veréis, hermanas, lo que importa vencer las batallas pasadas*, porque tengo por cierto que nunca deja el Señor de ponerle en siguridad de conciencia, que no es poco bien. Digo en siguridad y dije mal, que no hay en esta vida, y por eso siempre entended que digo: Si no torna a dejar el camino comenzado”.

Comentario: * “Vencer las batallas pasadas” significa haber purgado los contenidos de la mente (culebras y cosas emponzoñosas) y poder permanecer en un estado de relativa calma o silencio mental durante la meditación.

Como vemos, la característica principal del que ha llegado hasta este tercer nivel de logro, es que la intensa lucha que ofrese el flujo de los pensamientos durante la meditación, propia de la segunda morada, ha sido superado y el meditante ya se encuentra en capacidad de permanecer en un estado de relativa calma o silencio mental durante la meditación. Por esto, Santa Teresa declara: “Bienaventurado, pues, si no torna atrás, a lo que podemos entender, lleva camino seguro de su salvación”. Es decir, avanzará del estado de silencio mental (cuarta morada) al estado de éxtasis (quinta, sexta y septima moradas) en que se vive la unicidad con Dios o el Absoluto, como será explicado posteriormente.
Texto original: “...Harto buena dispusición es si persevera en aquello y no se torna a meter en las sabandijas de las primeras piezas, aunque sea con el deseo, que no hay duda, sino que, si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo*, que alcanzará lo que pretende”.

Comentario:* Perseverar en la “desnudez y dejamiento de todo” significa perseverar en el proceso de purgación y vaciamiento de los contendios de la mente (sabandijas y culebras); es decir, desnudar la mente de pensamientos hasta alcanzar un estado profundo de silencio mental durante la meditación.


• CUARTA MORADA

Comentario: Santa Teresa localiza en esta cuarta morada la frontera entre el reino humano y el reino espiritual. Para puntualizar esta frontera describe la diferencia que existe entre los “contentos en la oración” pertenecientes aún al reino humano y, “los gustos de Dios”, pertenecientes ya al reino espiritual.

El reino humano estaría formado de acuerdo a Las moradas del castillo interior, por dos categorías: Los hombres que viven fuera del castillo (hombre <dormido>) y los hombre que viven dentro del castillo (hombre <despierto>), pero únicamente hasta la cuarta morada. Y el reino espiritual estaría formado, entonces, por las moradas quinta, sexta y séptima.

Veamos cómo explica Santa Teresa esta diferencia entre el reino humano y el reino espiritual:

Texto original: “Pues hablando de lo que dije que diría aquí de la diferencia que hay entre “contentos en la oración” u “gustos (de Dios)”, los contentos me parecen a mí se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra meditación y peticiones a nuestro Señor, que procede de nuestro natural, aunque, en fin, ayuda para ello Dios, que baste de entender en cuanto dijere que no podemos nada sin El, mas nacen de la mesma obra virtuosa que hacemos y parece a (que con) nuestro trabajo lo hemos ganado, y con razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes.

Los “gustos (de Dios)” comienzan de Dios, y siéntelos el natural y goza tanto de ellos como gozan los que tengo dichos (los contentos en la oración), y mucho más. ¡Oh, Jesús, y que deseo tengo de saber declararme en esto!, porque (puesto que) entiendo a mi parecer muy conocida diferencia, y no alcanza mi saber a darme a entender, hágalo el Señor.


Comentario: Lo que aquí se implica es que los “contentos en la oración” se viven en la cuarta morada, como resultado del esfuerzo y perseverancia que ha hecho el meditante por silenciar gradualmente la mente, desde la primera hasta la cuarta morada; mientras que para vivenciar los “gustos de Dios” el meditante ya no puede hacer nada por sí mismo, sino sólo permanecer en estado de silencio mental durante la meditación (“oración de quietud” u “oración de recogimiento”) y esperar a que Dios se revele a la mente contemplativa, vigilante y silenciosa del que medita.

Por eso, Santa Teresa aclara: “Y es disposición para poder escuchar, como se aconseja en algunos libros, que procuren no discurrir (pensar, imaginar), sino estarse atentos a ver que obra el Señor en el alma; que, si Su Majestad no ha comenzado a embebernos, no puedo acabar de entender como se pueda detener el pensamiento de manera que no haga más daño que provecho”.

Este “estarse atentos a ver que obra el Señor en el alma” es precisamente la actitud de vigilancia y silencio mental adecuada para poder recibir los “gustos de Dios” desde el reino del espíritu.

Sobre este cuarto nivel de logro, Santa Teresa aclara que la lucha no sólo ha terminado (tercera morada), sino que ahora el iniciado está instaurado en un estado de paz y silencio mental casi imperturbable. Por eso comenta sobre este nivel: “En estas moradas (cuarta) pocas veces entran las cosas ponzoñosas (pensamientos e imágenes), y, si entran, no hacen daño”.

Comentario: En esta cuarta morada Santa Teresa hace referencia a la actividad del fuego sagrado dentro de su propio organismo. Comenta:

Texto original: “Escribiendo esto, estoy considerando lo que pasa en mi cabeza del gran ruido de ella, que dije al principio, por donde se me hizo casi imposible poder hacer lo que me mandaban de escribir. No parece sino que están en ella muchos ríos caudalosos y, por otra parte, que estas aguas se despeñan; muchos pajarillos y silbos, y no en los oídos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que está lo superior del alma. Yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que el movimiento grande del espíritu hacía arriba subía con velocidad”.

Comentario: Lo que aquí se describe es conocido en la tradición hindú como “síndrome de Kundalini”. Se está describiendo, con exactitud, que “el movimiento grande del espíritu hacía arriba subía con velocidad”; es decir, el ascenso de la energía de la Madre o energía kundalini desde la base del tronco hacia la cabeza. También comenta que la sensación principal se encuentra en lo superior de la cabeza. Efectivamente, es usual que la energía que ha ascendido a la cabeza con desacostumbrada intensidad produzca un bramido continuo en la cabeza y una gran actividad y movimientos en la zona de la coronilla, inmediatamente debajo del cráneo, que podría compararse al agua que hierve.

Más adelante Santa Teresa hace el siguiente comentario:

Texto original: “Paréceme queda dicho de los consuelos espirituales como algunas veces van envueltos con nuestras pasiones, train consigo unos alborotos de sollozos, y aun a personas he oído que se les aprieta el pecho y aun vienen a movimientos exteriores, que no se pueden ir a la mano (que no se pueden impedir); y es la fuerza de manera que les hace salir sangre de narices y cosas ansí penosas. Desto no se decir nada, porque no he pasado por ello”.
Comentario: Aquí Santa Teresa está haciendo referencia al fuego sagrado que purga la mente, de tal manera que “en ocasiones...train consigo unos alborotos de sollozos” (llanto incontrolado); también comenta que “aprieta el pecho”. Esto indica que la energía ha ido a la zona del corazón y que produce “movimientos exteriores” (el cuerpo se mueve en meditación sin el esfuerzo consciente por parte de la persona), cosa sumamente usual y benéfica en el proceso de purgación y regeneración. Por último, comenta que la fuerza en ocasiones es tan fuerte que “les hace salir sangre de narices y cosas ansí penosas” (síndrome intenso de Kundalini), cosa cierta, aunque poco pro-bable.


• QUINTA MORADA

Comentario: La quinta morada y las siguientes deben entenderse exclusiva-mente como vivencias extáticas. La palabra éxtasis proviene de ex (privación, fuera de) y del griego stasis, (acción de estar): Privación o cesasión del acto de estar. Esto implica que la persona que experimenta un estado de éxtasis deja de estar consciente de estar en el mundo objetivo para irrumpir en un estado totalmente otro. Efectivamente, el éxtasis (samadhi, en terminología hindú) es un estado en el cual el mundo objetivo, físico y mental, desaparece; es decir, que tanto los objetos extramentales, los percibidos con los sentidos físicos incluido el cuerpo físico, como los objetos intramentales, los pensamientos e imágenes, desaparecen. Al desaparecer la percepción de objetos extramentales o intramentales desaparece la dualidad creada por el sujeto perceptor y los objetos percibidos. Santa teresa llama a este estado de éxtasis, más allá de la percepción y la dualidad, “oración de unión”. En esta vivencia de unión uno no conoce o percibe a Dios como objeto de conoci-miento o percepción externo a sí mismo, antes bien, uno se hace uno con El.

Vemos como explica esto Santa Teresa:

Texto original: “No penséis que es cosa soñada; digo soñada, porque ansí parece, está el alma como adormitada, que ni bien parece está dormida ni se siente despierta. Aquí, con estar todas dormidas, y bien dormidas, a las cosas del mundo y a nosotros mesmas, porque en hecho de verdad se queda como sin sentido aquello poco que dura, que ni hay poder (para) pensar aunque quieran, aquí no es menester con artificio suspender el pensamiento; hasta el amar, si lo hace, no entiende como, ni que es lo que ama, ni que querría; en fin, como quien de todo punto ha muerto al mundo para vivir más en Dios, que así es una muerte sabrosa, un arrancamiento del alma de todas las operaciones que puede tener, estando en el cuerpo; deleitosa, porque aunque de verdad parece se aparta el alma de él (del cuerpo) para mejor estar en Dios, de manera, que aún sé yo si le queda vida para resolgar (respirar). Ahora lo estaba pensando y paréceme que no; al menos, si lo hace, no se entiende si lo hace”.

Comentario: A continuación veremos la diferencia esencial entre la cuarta y la quinta morada: En la cuarta morada pueden ocasionalmente entrar las “sabandijas o lagartijas”, aunque sin hacer daño; es decir, que la cuarta morada, aunque ya es un estado de profundo silencio mental durante la meditación, subsiste la posibilidad de permanecer como sujeto perceptor de los pensamientos (sabandijas) como objetos percibidos. Sin embargo, en la quinta morada esto ya no es posible. Esto implica que la quinta morada se encuentra más allá de la percepción y la dualidad, como se ha explicado anteriormente. Veamos:

Texto original: “Porque, aunque no hay tanto lugar (en la cuarta morada) para entrar las cosas emponzoñosas, unas lagartijillas sí, que, como son agudas, por doquiera se meten; y, aunque no hacen dañó, en especial si no hacen caso de ellas, como dije, porque son pensamientillos que proceden de la imaginación y de lo que queda dicho, importunan muchas veces. Aquí (en la quinta morada), por agudas que sean las lagartijas, no pueden entrar en esta morada, porque ni hay imaginación ni memoria ni entendimiento que pueda impedir este bien. Y osaré afirmar que, si verdaderamente es unión de Dios, que no puede entrar el demonio ni hacer ningún daño, porque está Su Majestad tan junto y unido con la esencia del alma, que no osara llegar, ni aun debe de entender este secreto ¡Oh, gran bien, estado adonde este maldito no nos hace mal!. Ansí queda el alma con las grandes ganancias, por obra de Dios en ella, sin que nadie le estorbe ni nosotros mesmos. Es sobre todos los gozos de la tierra y sobre todos los deleites y sobre todos los contentos, y más”.


• SEXTA MORADA

Comentario: En esta sexta morada Santa Teresa dedica once capítulos para explicar algunas de las vivencias que el peregrino espiritual puede experimen-tar en su proceso ascendente hacia Dios. La mayoría de las experiencias relatadas se relacionan con facultades psíquicas sobrenaturales (siddhis, en terminología hindú), que aparecen o pueden aparecer como subproducto del desarrollo espiritual, cuando se activan energías que abren el acceso a diversos dominios cósmicos. En la actualidad estas facultades sobrenaturales son conocidas por la psicología transpersonal y otras disciplinas, como pertenecientes al orden parasicológico.

Resulta de particular interés el capítulo V que trata sobre la poderosa ascensión del fuego sagrado o energía de la Madre (kundalini), que hasta el cuerpo físico levanta en su vuelo ascendente, transportando al peregrino espiritual a profundos estados de éxtasis.

A continuacion se transcribe el capítulo 19, “La paja y el huracán”, del Libro de la vida de la propia Santa Teresa, que habla exactamente del mismo tema:

Texto original (adaptado al castellano moderno): “Quiero ahora hablar del arrobamiento, que también llaman vuelo del espíritu y éxtasis. Sus efectos son mucho más intensos que los de la unión (oración de unión) porque ésta, aunque es principio y medio y fin, se produce en lo interior (es decir, sólo en la conciencia), en cambio el arrobamiento, como es en lo más alto grado, produce sus efectos en lo interior y en lo exterior (es decir, en la conciencia y en el cuerpo físico).
Pensemos que la nube del agua abundante de esta última agua (lluvia) permanece con nosotros en la medida en que lo consiente nuestra tierra. Si al bien que nos ha hecho respondemos con obras, según nuestras fuerzas, el Señor se apodera del alma, del mismo modo que las nubes recogen los vapores de la tierra, y la lleva consigo al cielo (éxtasis) para mostrarle cosas del reino que le tiene preparado.

En estos arrobamientos parece que el alma deja de animar al cuerpo, pues éste va enfriándose, aunque con suavidad y deleite grandísimos. Si en la unión había posibilidad de resistir algo, en este nuevo favor no hay resistencia que valga. El ímpetu es tan acelerado y fuerte, que se ve y se siente que esta nube o águila caudalosa nos arrebata en sus alas.

El alma entiende y ve que la llevan y no sabe a donde. Se necesita mayor determinación y ánimo que para las gracias anteriores, porque es un arriesgarlo todo, venga lo que viniere, para dejarse en manos de Dios e ir adonde quiera llevarnos, pues nos llevará aunque nos pese. A veces no será sola, sino también el cuerpo, hasta levantarlo del suelo”.

Comentario: Como vemos, el ímpetu ascendente de la energía de la Madre o kundalini hacia la coronilla puede ser tan fuerte, que no sólo alza o transporta al alma a elevados estados de éxtasis en el sahasrara-chakra, sino que hasta el cuerpo mismo puede levantar en su viaje ascendente. Continuemos con el texto de Santa Teresa:

Texto original: “De mí, puedo decir que cuando quería resistir a favores de este género, por ser en público, era tan grande la fuerza que me levantaba [de mucho más ímpetu que otras cosas del espíritu], que quedaba hecha pedazos. Hay ocasiones en que al Señor le basta que veamos que quiere darnos esa gracia, y si oponemos resistencia por humildad, los efectos son los mismos que si se hubiese aceptado del todo.
El ver el gran poder del Señor y nuestra absoluta impotencia deja un hondo sentimiento de humildad. Se experimenta también temor de ofender a un Dios tan grande que puede hacer semejante operación en nosotros. Pero este temor viene envuelto en grandísimo amor, que se inflama al ver el que El nos tiene, que no solo quiere llevar consigo al alma sino también a este cuerpo mortal, de tierra tan deleznable.

Quiero decir algo más de lo que suele ser más común en el arrobamiento.

Cuando la persona es presa de él, el cuerpo queda como muerto, sin poder hacer nada. Suele quedarse en la posición en que estaba, y aunque no puede hacer nada por sí solo en cuanto a lo exterior, no deja de entender y oír, como algo que le llegara de lejos, excepto cuando las facultades se pierden por estar muy unidas con Dios, porque entonces me parece que no ve, ni oye ni siente cosa alguna.

Como dije en la oración de unión anterior, este completo transformarse del alma en Dios dura poco, pero en ese breve lapso no se tiene conciencia de ninguna facultad, ni se sabe lo que está sucediendo. El arrobamiento parece durar mucho tiempo porque a veces se goza con intervalos. Cuando la persona vuelve en sí del arrobamiento, si ha sido grande andará durante un día o dos, o incluso tres, con las facultades tan abstraídas y todo su ser tan absorto que no parece que ha vuelto en sí”.

Comentario: Al igual que Santa Teresa lo comenta aquí, en el kundalini-yoga se sabe que cuando el fuego sagrado asciende poderosamente desde la base del tronco hacia la coronilla, el cuerpo se torna tan frío y aparentemente inerte como un cadáver, al tiempo que el meditante permanece en profundo estado de samadhi. Cuando la energía kundalini alcanza el cerebro superior en la coronilla, todo el cuerpo está frío salvo la parte superior del cráneo, donde se siente algún calor, ya que éste es, precisamente, el lugar donde se unen el aspecto estático (Siva) y cinético (kundalini-sakti) de la conciencia y que es, en esencia, lo que produce el estado de éxtasis o samadhi, más allá del cuerpo y la mente. Otra forma de verificar que la persona ha caído en profundo estado de samadhi y no que ha muerto es observando los ojos; éstos deben permanecer brillantes y llenos de energía, a diferencia de los ojos propios de un cadáver, apagados y opacos como los de un pescado muerto. Se sabe que la persona que cae en este profundo estado de samadhi, si no sale por sí misma al poco tiempo, sólo podrá permanecer en él un máximo de 21 días. Durante este tiempo es recomendable cuidar el cuerpo para que no sea enterrado y tratar repetidas veces de traer a la persona de regreso al estado normal de vigilia. En caso de que se rebasen los 21 días de límite, resultará imposible regresarlo y el cuerpo morirá, fusionándose el alma con la conciencia divina.


• SÉPTIMA MORADA

Comentario: Aquí Santa Teresa describe la diferencia que existe entre la “oración de unión y el desposorio espiritual” (quinta y sexta moradas) y el “matrimonio espiritual” (séptima morada) que corresponden, aproximada y respectivamente, al salvikalpa-samadhi y al nirvikalpa-samadhi del vedanta.
Leamos:

Texto original: “No se puede decir más de que [en la séptima morada], a cuanto se puede entender, queda el alma, digo el espíritu de esta alma, hecho una cosa con Dios, que, como es también espíritu, ha querido Su Majestad mostrar el amor que nos tiene en dar a entender a algunas personas hasta adonde llega, para que alabemos su grandeza; porque, de tal manera ha querido juntarse con la criatura, que ansí como los que ya no se pueden apartar, no se quiere apartar El de ella. El desposorio espiritual [sexta morada] es diferente, que muchas veces se apartan, y la [oración de] unión [quinta morada] también lo es, porque, aunque unión es juntarse dos cosas en una, en fin, se pueden apartar y quedar cada cosa por sí, como vemos ordinariamente, que pasa de presto esta merced del Señor, y después se queda el alma sin aquella compañía, digo de manera que lo entienda. En esta otra merced del Señor [Séptima Morada] no, porque siempre queda el alma con su Dios en aquel centro. Digamos que sea la [oración de] unión como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo que toda luz fuese una, o que el pabilo y la luz y la cera es todo uno; mas después bien se puede apartar la una vela de la otra, quedan en dos velas, o el pabilo de la cera. Acá [en la séptima morada] es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cual es el agua del río o lo que cayó del cielo, o como si un arroico pequeño entra en el mar, no habrá remedio de apartarse, o como si en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz, aunque entra dividida, se hace todo una luz.
Quizá es esto lo que dice San Pablo: <El que se arrima y allega a Dios, hácese espíritu con El>, tocando este soberano matrimonio, que presupone haberse llegado Su Majestad a el alma por unión. Y también dice: Miqui bibere Cristus est, mori lucrum; ensí me parece puede decir aquí el alma, porque es adonde la mariposilla (alma dispuesta para que Dios la tome para sí) que hemos dicho, muere, y con grandísimo gozo, porque su vida es ya Cristo”.

Comentario: Como podemos ver, Santa Teresa explica aquí la diferencia entre “la oración de unión y el desposorio espiritual” (quinta y sexta Moradas) y el “matrimonio espiritual” (séptima morada): En el primer caso (oración de unión y esposorio espiritual) la persona, tan pronto como sale del estado de éxtasis, se siente nuevamente separado de Dios, “como la luz de dos velas que se han separado”. En el segundo caso (matrimonio espiritual) la persona, aun saliendo del estado de éxtasis mantiene la conciencia de ser uno con Dios: Iluminación final. Esta es la razón por la cual dice que la “mariposilla muere”, es decir, aquel que se siente separado de Dios, “porque su vida es ya Cristo”. Y ser ya Cristo es tener la conciencia de “Yo y el Padre somos uno”

 

 

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