|
San Juan de la Cruz
Llama de Amor Viva (Mística del Amor)
SU VIDA
- (1542) Nace en Fontiveros (Ávila).
- (1559-63) Cursa Humanidades con los
Jesuitas de Medina.
- (1563) Ingresa a los veintiún años en los
Carmelitas de Medina.
- (1564-68) Cursa estudios en la Universidad
de Salamanca.
- (1567) Es ordenado sacerdote en Salamanca,
y canta su primera misa en Medina, en el
verano.
- Primera entrevista con Santa Teresa, en
septiembre-octubre, lo gana para la Reforma.
- (1568) Termina los estudios en Salamanca y
vuelve a Medina.
- 9 de agosto: Va con Santa Teresa a la
fundación de Valladolid, donde está hasta el
fin de septiembre.
- A primeros de octubre va a preparar la
casa de Duruelo.
- 28 de octubre: Comienza la Reforma de
Duruelo.
- (1568-71) Maestro de novicios en Duruelo,
Mancera y Pastrana.
- (1571) 25 de enero: Asiste con Santa
Teresa a la fundación de Alba de
Tormes yendo desde Mancera.
- Abril: Rector de Alcalá, primer Colegio
Descalzo.
- (1572-77) Confesor y Vicario del
Monasterio de la Encarnación (Avila).
- (1574) 19 de Marzo: Asiste con Santa
Teresa a la fundación de Segovia.
-(1577) 2 de diciembre: Es apresado y
llevado a Toledo.
- (1578) Agosto: Se fuga de la cárcel y huye
de Toledo.
- Octubre: Es nombrado prior del Calvario
(Jaén).
- (1579) 14 de junio: Funda el colegio de
Baeza y es su primer Rector.
- (1581) Marzo: Asiste al Capítulo de Alcalá
y es nombrado tercer Definidor, hasta el
Capítulo de 1583.
- Noviembre: Desde Baeza va a Ávila para
preparar con Santa Teresa la fundación de
Granada.
- (1582) 20 de enero: Inaugura la fundación
de monjas en Granada con la V. Ana de Jesús.
- Fines de enero: Comienza su primer
priorato en Granada.
- (1583) Mayo: Es reelegido Prior de
Granada.
- (1585) 17 de febrero: Funda convento de
monjas en Málaga.
- Mayo: En Lisboa es elegido segundo
Definidor. En octubre en Pastrana le nombran
Vicario provincial de Andalucía con
residencia en Granada, y cesa en el priorato
de esta casa.
- (1586) 18 de Mayo: Funda convento de
frailes en Córdoba.
- Agosto: Lleva, desde Granada, monjas para
la fundación de Madrid y asiste, aquí, a un
Definitorio.
- 12 de octubre: Funda convento de frailes,
en Manchuela.
- 18 de diciembre: Funda convento de frailes
en Caravaca.
- (1587) Enero o febrero: Estancia en
Bujalance, tramitando la
fundación de frailes.
- Abril: Asiste al Capítulo de Valladolid,
donde cesa como Definidor y Vicario
provincial de Andalucía y es nombrado por
tercera vez Prior de Granada.
- (1588) Junio: Asiste al primer Capítulo
General en Madrid y es elegido primer
Definidor general, tercer Consejero de la
Consulta y Prior de Segovia.
- (1591) Junio: Asiste al Capítulo General
en Madrid y cesa en todos
sus cargos.
- 10 de agosto: Llega como súbdito a La
Peñuela (Jaén).
- 28 de septiembre: Se traslada enfermo a
Úbeda (Jaén).
- 14 de diciembre: Muere en Úbeda, a las
doce de la noche, a los cuarenta y nueve
años.
- (1593) Mayo: Su cuerpo es trasladado de
Ubeda a Segovia.
- (1618) Primera edición de sus libros en
Alcalá.
- (1675) 25 de enero: Es beatificado por
Clemente X.
- (1726) 27 de diciembre: Es canonizado por
Benedicto XIII.
- (1738) Comienza su fiesta litúrgica, en
toda la Iglesia.
SU OBRA
Las obras de San Juan de la Cruz están
divididas en cuatro cuerpos: Las
“Fundamentales”, las “Poesías no
comentadas”, los “Escritos cortos” y el
“Epistolario”.
Las Fundamentales son:
1. Subida al monte Carmelo
2. Noche oscura del alma
3. Cántico espiritual
4. Llama de amor viva
Las Poesías no comentadas son:
5. “Vivo sin vivir en mí”
6. “¡Qué bien sé yo la fonte!”
7. “En el principio moraba”
8. “En aquel amor inmenso”
9. “Una persona que te ame”
10. “Hágase, pues, dijo el Padre”
11. “Con esta buena esperanza”
12. “En aquestos y otros ruegos”
13. “Ya que el tiempo era llegado”
14. “Entonces llamó a un arcángel”
15. “Ya que era llegado el tiempo”
16. “Encima de las corrientes”
17. “Éntreme donde no supe”
18. “Un pastorcico, solo, está penado”
19. “Tras de un amoroso lance”
20. “Sin arrimo y con arrimo”
21. “Por toda la hermosura”
22. “Del Verbo divino”
23. “Suma de la perfección”
Los Escritos cortos son:
24. Cautelas
25. Avisos
26. Grados de perfección
27. Dichos de luz y amor
El Epistolario consta de:
Treinta y dos cartas
INTRODUCCIÓN
Llama de amor viva de San Juan de la Cruz es
considerada una verdadera cumbre de la
mística del amor. Trata, específicamente,
del fuego del Espíritu Santo y de las
operaciones que esta llama de amor obra en
aquél en quien se manifiesta, hasta
conducirlo a la unión perfecta con Dios.
La presencia del fuego del Espíritu Santo y
los fenómenos de luz (cuerpo de luz) y otras
facultades psíquicas sobrenaturales
asociadas con este fuego sagrado, son una
constante en el misticismo cristiano. Para
puntualizar lo anterior, bastará tan sólo
con hacer algunas referencias aisladas,
relacionadas con la presencia de la luz en
la vida de los santos y místicos cristianos:
Cuenta Bartoli, uno de los muchos biógrafos
de San Ignacio de Loyola, que cuando éste
fue visto elevarse sobre el suelo, una tenue
luz se dejaba ver en la estancia sin que
nadie supiera indicar su procedencia. Y en
1608 -según se puede leer en el processus
ordinarius cursado para determinar la
santidad del monje italiano Bernardino
Realini-, un tal Tobías da Ponte acudió
hasta la celda del beato para pedirle
consejo. Al notar que la puerta estaba
cerrada decidió esperar hasta que una fuerte
luminosidad comenzó a salir de la estancia.
Intrigado, da Ponte abrió la puerta y vio a
fray Realini levitando a unos centímetros
del piso, de rodillas, y rodeado por una
intensa luz. Por otro lado, es también
conocido el caso de San Felipe Neri, que
despedía llamas que lo rodeaban y
alumbraban.
Otros casos relevantes al respecto son,
entre otros, el de Serafina de Dios,
carmelita nacida en Capri y muerta en 1669,
de la cual se afirma que su rostro, después
de la comunión y en la oración, irradiaba
una llama luminosa y sus ojos arrojaban
destellos como de fuego. Y el de Catalina de
Siena, cuyo biógrafo Raimundo de Capua
cuenta que vio su rostro “semejante al sol,
emitiendo resplandecientes rayos”. De Santa
Teresa de Jesús se afirma que su rostro
resplandecía mientras rezaba con un rubor
encendido, según atestiguaron diversas
religiosas de los conventos en los que
habitó.
Otros importantes santos que irradiaban luz
eran el beato Martín de Porres, San
Francisco Borja, San Vicente Ferrer, el
Santo Cura de Ars, cuyas feligresas vieron
su rostro extrañamente iluminado mientras
confesaba; o, entre otros muchos casos, el
de San Sabas, de quien se dice que lanzaba
rayos solares con su mirada y que, cuando
murió, el resplandor de su rostro aumentó
todavía más. Por último mencionaremos aquí a
San Serafín de Sarov, un ortodoxo ruso que
relata la experiencia típica a este respecto
en sus Conversaciones con Motovilov:
”¡Estamos, ambos, en la plenitud del
Espíritu Santo! ¿Por qué no me miras?
-No puedo, padrecito, dije, pues brotan
rayos de vuestros ojos. Vuestro rostro se ha
hecho más luminoso que el sol y mis ojos
están triturados de dolor.
-No tengas miedo, dijo San Serafín. Tú te
has vuelto tan luminoso como yo, tú también
estás, ahora, en la plenitud del Espíritu
Santo. De otro modo no habrías podido verme
así”.
LLAMA DE AMOR VIVA *
San Juan de la cruz utiliza en Llama de amor viva
las siguientes canciones para desarrollar su obra:
¡Oh llama de amor viva,
Que tiernamente hieres
De mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
Acaba ya si quieres,
Rompe la tela de este dulce encuentro.
¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
Que a vida eterna sabe,
Y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh lámparas de fuego,
En cuyos resplandores
Las profundas cavernas del sentido,
Que estaba obscuro y ciego,
Con extraños primores
Calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuan manso y amoroso
Recuerdas en mi seno,
Donde secretamente solo moras:
Y en tu aspirar sabroso
De bien y gloria lleno
Cuan delicadamente me enamoras!
A continuación examinaremos la primera de las cuatro
liras que componen las canciones de Llama de amor
viva, pero antes haremos un comentario sobre la
declaración inicial y el prólogo de la obra.
En la declaración inicial, San Juan de la Cruz
afirma que las canciones que forman Llama de amor
viva “tratan de la muy íntima y calificada unión y
transformación del alma en Dios”. Es decir, que a
través de la actividad y las operaciones que hace la
llama, que es el Espíritu Santo en el alma, termina
ésta uniéndose y transformándose en Dios.
Posteriormente, en el prólogo afirma que las
canciones de Llama de amor viva las habla el alma
que ya ha sido profundamente transformada
interiormente en el fuego de amor, y que no sólo
está unida a este fuego, sino que el fuego ya hace
llama en ella.
A continuación transcribimos la primera canción de
Llama de amor viva, sobre la que trata el presente
trabajo:
¡Oh llama de amor viva,
Que tiernamente hieres
De mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
Acaba ya si quieres,
Rompe la tela de este dulce encuentro.
* Para la elaboración del presente trabajo se
utilizó el texto San Juan de la Cruz (Subida al
monte Carmelo - Noche oscura del alma - Cántico
espiritual - Llama de amor viva) de la edición de la
Colección “Sepan cuantos...” de Editorial Purrúa,
S.A., 1984, de la primera edición: Alcalá de
Henares, 1618.
Declaración
Texto original: “Sintiéndose ya el alma toda
inflamada en la divina unión, y ya su paladar todo
bañado en gloria y amor, y que hasta lo íntimo de su
sustancia está revertiendo no menos que ríos de
gloria, abundando en deleites, sintiendo correr de
su vientre los ríos de agua viva, que dijo el Hijo
de Dios que saldrían en semejantes almas (Jn, VII,
38), parece que, pues con tanta fuerza está
transformada en Dios y tan altamente dél poseída, y
con tan ricas riquezas de dones y virtudes arreada,
que está tan cerca de la bienaventuranza, que no la
divide sino una leve tela. Y como ve que aquella
llama delicada de amor que en ella arde, cada vez
que la está embistiendo, la está como glorificando
con suave y fuerte gloria, tanto, que cada vez que
la absorbe y embiste le parece que le va dar la vida
eterna, y que va a romper la tela de la vida mortal,
y que falta muy poco y que por esto poco no acaba de
ser glorificada esencialmente, dice con gran deseo a
la llama -que es el Espíritu Santo- que rompa ya la
vida mortal por aquel dulce encuentro, en que de
veras la acabe de comunicar lo que cada vez parece
que la va a dar cuando la encuentra, que es
glorificarla entera y perfectamente, y así dice:
“¡Oh llama de amor viva!”
Comentario: Al principio de la presente declaración
aparece una identificación entre la llama de amor
viva, que es el Espíritu Santo, y la energía
kundalini de la tradición hindú, cuando afirma San
Juan de la Cruz que el alma inflamada y embestida
por la divina llama siente “correr de su vientre los
ríos de agua viva, que dijo el Hijo de Dios que
saldrían en semejantes almas”. Tómese en cuenta que
el vientre es la cavidad del cuerpo donde están los
intestinos y el aparato genito-urinario,
precisamente el asiento de la energía kundalini.
Texto original: “Esta llama de amor es el espíritu
de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual
siente el alma ya en sí, no sólo como fuego que la
tiene consumida y transformada en suave amor, sino
como fuego que, además de eso, arde en ella y echa
llama, como dije; y aquella llama, cada vez que
llamea, baña al alma en gloria y la refresca en
temple de vida divina. Y ésta es la operación del
Espíritu Santo en el alma transformada en amor, que
los actos que hace interiores es llamear, que son
inflamaciones de amor, en que unida la voluntad del
alma, ama subidísimamente, hecha un amor con aquella
alma. Y así, estos actos de amor del alma son
preciosísimos, y merecen más en uno y vale más que
cuanto había hecho toda su vida sin esta
transformación, por más que ello fuese”...
Comentario: En el párrafo anterior se afirma que la
llama o fuego del Espíritu Santo “arde y echa
llama”; es decir, que su operación en el hombre es
realmente sentida como una energía viviente dentro
del iniciado en el cual se manifiesta.
Texto original: “Y así, en este estado no puede el
alma hacer actos, que el Espíritu Santo los hace
todos y la mueve a ellos; y por eso, todos los actos
de ella son divinos, pues es hecha y movida por
Dios. De donde al alma le parece que cada vez que
llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y
temple divino, la está dando vida eterna, pues la
levanta a operación de Dios en Dios”.
Texto original: “Más es tan subido el deleite que
aquel llamear del Espíritu Santo hace en ella, que
la hace saber a qué sabe la vida eterna, que por eso
la llama a la llama viva; no porque no sea siempre
viva, sino porque le hace tal efecto, que la hace
vivir en Dios espiritualmente, y sentir vida de
Dios, al modo que dice David: “Mi corazón y mi carne
se gozaron en Dios vivo”.
Texto original: “Y así, en esta llama siente el alma
tan vivamente a Dios y le gusta con tanto sabor y
suavidad, que dice: Oh llama de amor viva,
“Que tiernamente hieres”.
Texto original: “Esto es, que con tu ardor
tiernamente me tocas. Que por cuanto esta llama es
llama de vida divina, hiere al alma con ternura de
vida de Dios, y tanto y tan entrañablemente la hiere
y la enternece, que la derrite en amor, porque se
cumpla en ella lo que en la Esposa en los Cantares,
que se enterneció tanto, que se derritió, y así dice
ella allí: Luego que el Esposo habló, se derritió mi
alma (Cant; V, 6). Porque el habla de Dios es el
efecto que hace en el alma”.
“De mi alma en el más profundo centro”.
Texto original: “El centro del alma es Dios, al cual
cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad
de su ser, y según la fuerza de su operación e
inclinación, habrá llegado al último y más profundo
centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus
fuerzas entienda y ame y goce a Dios”.
Comentario: “El centro del alma es Dios”, es lo
mismo que decir, “el Reino de Dios está dentro de
vosotros”. Santa Teresa de Jesús en Las moradas del
castillo interior hace la misma afirmación y San
Agustin en los Soliloquios, también: “No te hallaba
Señor, de fuera, porque mal te buscaba fuera, que
estabas dentro”.
Texto original: “Es pues de notar, que el amor es la
inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene
para ir a Dios, porque mediante el amor se une el
alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor
tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se
concentra con él. De donde podemos decir, que
cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener,
tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro
que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo,
y de esta manera podemos entender las muchas
mansiones que dijo el Hijo de Dios haber en la casa
de su Padre (Jn. XIV, 2). De manera que para que el
alma esté en su centro, que es Dios, según lo que
habemos dicho, basta que tenga un grado de amor,
porque por uno solo se une con él por gracia; y si
tuviese dos grados, habrá unídose y concentrádose
con Dios otro centro más adentro; y si llegare a
tres concentrarse ha como tres; y si llegare hasta
el último grado, llegará a herir el amor de Dios
hasta el último centro y más profundo del alma, que
será transformarla y esclarecerla según todo el ser
y potencia y virtud de ella, según es capaz de
recibir, hasta ponerla que parezca Dios, bien así
como cuando el cristal limpio y puro es embestido de
la luz, que cuantos más grados de luz va recibiendo,
tanto más de luz en él se va reconcentrando, y tanto
más se va esclareciendo; y puede llegar a tanto por
la copiosidad de luz que recibe, que venga él a
parecer todo luz y no se divise entre la luz,
estando él esclarecido en ella todo lo que puede
recibir de ella, que es venir a parecer como ella”.
Texto original: “Y no es de tener por increíble que
a un alma ya examinada y probada y purgada en el
fuego de tribulaciones y trabajos y variedad de
tentaciones y hallada fiel en el amor, deje de
cumplirse en esta fiel alma, en esta vida lo que el
Hijo de Dios prometió, conviene a saber: Que si
alguno le amase, vendría la Santísima Trinidad en él
y moraría de asiento en él (Jn. XIV, 23); lo cual es
ilustrándole el entendimiento divinamente en la
sabiduría del Hijo, y deleitándole la voluntad en el
Espíritu Santo, y absorbiéndola el Padre poderosa y
fuertemente en el abrazo y abismo de su dulzura”.
Comentario: El párrafo anterior es muy importante
pues aclara que el alma debe, primero, ser
purificada, purgada de sus impurezas e
imperfecciones, y que sólo cuando el proceso de
purificación y regeneración se ha completado, la
Santísima Trinidad morará y hará asiento en él. En
palabras que resultan simples de entender, diríamos
que “nadie puede entrar al reino de los cielos sin
haber pasado antes por el purgatorio”.
“Pues ya no eres esquiva”.
Texto original: “Es a saber, pues ya no afliges, ni
aprietas ni fatigas como antes hacías; porque
conviene saber que esta llama de Dios, cuando el
alma estaba en estado de purgación espiritual, que
es cuando va entrando en contemplación no le era tan
amigable y suave como ahora lo es en este estado de
unión. Y en declarar cómo esto sea, nos habemos de
detener algún tanto.
En lo cual es de saber, que antes que este divino
fuego de amor se introduzca y se una en la sustancia
del alma, por acabada y perfecta purgación y pureza,
esta llama, que es el Espíritu Santo, está hiriendo
en el alma, gastándole y consumiéndole las
imperfecciones de sus malos hábitos; y ésta es la
operación del Espíritu Santo, en la cual la dispone
para la divina unión y transformación de amor en
Dios. Porque es de saber que el mismo fuego de amor
que después se une con el alma glorificándola, es el
que antes la embiste purgándola; bien así como el
mismo fuego que entra en el madero es el que primero
le está embistiendo e hiriendo con su llama,
enjugándole y desnudándole de sus feos accidentes,
hasta disponerle con su calor, tanto que pueda
entrar en él y transformarle en sí; y esto llaman
los espirituales vía purgativa. En el cual ejercicio
el alma padece mucho detrimento y siente grandes
penas en el espíritu, que de ordinario redundan en
el sentido, siéndole ésta llama muy esquiva. Porque
en ésta disposición de purgación no le es esta llama
clara, sino oscura; que si alguna luz le da, es para
ver sólo y sentir sus miserias y defectos. Ni le es
suave, sino penosa; porque aunque algunas veces le
pega calor de amor, es con tormento y aprieto. Y no
le es deleitable, sino seca; porque aunque alguna
vez por su benignidad le da algún gusto para
esforzarla y animarla, antes y después que acaece,
lo lasta y paga con otro tanto trabajo.
Ni le es reficionadora y pacífica, sino consumidora
y arguidora, haciéndola desfallecer y penar en el
conocimiento propio. Y así, no le es gloriosa,
porque antes la pone miserable y amaga en la luz
espiritual que le da de propio conocimiento,
enviando Dios fuego (como dice Jeremías) en sus
huesos, y enseñándola, y como también dice David,
examinándola en fuego.
Y así, en esta sazón padece el alma acerca del
entendimiento grandes tinieblas, acerca de la
voluntad grandes sequedades y aprietos, y en la
memoria grave noticia de sus miserias, por cuanto el
ojo espiritual está muy claro en el conocimiento
propio. Y en la sustancia del alma padece desamparo
y suma pobreza, seca y fría, y a veces caliente, no
hallando en nada alivio, ni aun pensamiento que la
consuele, ni aun poder levantar el corazón a Dios,
habiéndosele puesto esta llama tan esquiva, como
dice Job, que en este ejercicio hizo Dios con él
diciendo: Mudado te me has en cruel (XXX, 21).
Porque cuando estas cosas juntas padece el alma, le
parece verdaderamente que Dios se ha hecho cruel
contra ella y desabrido”.
Comentario: Lo que San Juan de la Cruz explica aquí
es lo que en la tradición hindú se conoce como
“síndrome de kundalini”. Aclara que el fuego
sagrado, que es el Espíritu Santo, antes de producir
el despertar espiritual y “la divina unión y
transformación de amor en Dios”, “hiere al alma,
gastándole y consumiéndole las imperfecciones de sus
malos hábitos”. Se aclara también que “es el mismo
fuego” el que primero quema y purga las impurezas
del alma (nube oscura) el que luego termina
glorificándola; es decir, construyendo el glorioso
cuerpo de luz al que se refirió Jesús como el
vestido de bodas (Mat. 22:11-14) y San Pablo como el
cuerpo incorruptible e inmortal (Cor. I, XV, 50-55).
En el Antiguo Testamento Isaías se refiere a este
glorioso cuerpo de luz como las ropas de salvación o
el manto de justicia con que Yahveh reviste al
iniciado (Isa. 61).
Texto original: “Y las flaquezas y miserias que
antes el alma tenía asentadas y encubiertas en sí
(las cuales antes no veía ni sentía), ya con la luz
y calor del fuego divino las ve y las siente; así
como la humedad que había en el madero, no se
conocía hasta que dio en él el fuego y le hizo sudar
y humear y respendar; y así hace el alma imperfecta
cerca de esta llama. Porque, ¡oh cosa admirable!,
levántanse en el alma a esta sazón contrarios contra
contrarios; los del alma contra los de Dios, que
embisten en el alma; y como dicen los filósofos,
unos relucen cerca de los otros, y hacen la guerra
en el sujeto del alma, procurando los unos expeler a
los otros por reinar ellos en ella, conviene a
saber, las virtudes y propiedades de Dios en extremo
perfectas contra los hábitos y propiedades del
sujeto del alma en extremo imperfectas, padeciendo
ella dos contrarios en sí. Porque como esta llama es
de extremada luz, embistiendo ella en el alma, su
luz luce en las tinieblas del alma, que también son
extremadas, y el alma entonces siente sus tinieblas
naturales y viciosas, que se ponen contra la
sobrenatural luz y no siente la luz sobrenatural,
porque no la tiene en sí como sus tinieblas, que las
tiene en sí, y las tinieblas no comprenden la luz”.
Comentario: En el párrafo anterior se aclara algo de
vital importancia: Que en el momento en que se está
llevando a cabo la purgación de las impurezas e
imperfecciones del subconsciente (nube oscura), el
iniciado experimenta en su experiencia consciente
(se da cuenta de) las imperfecciones que están
siendo eliminadas. Esto provoca una lucha en el
interior del iniciado: Por un lado las impurezas que
buscan sobrevivir al proceso de purgación (las
tinieblas) y por el otro, la luz misma del Espíritu
Santo que busca eliminarlas. Es por esto que San
Juan de la Cruz declara: “Levántanse en el alma a
esta sazón contrarios (las impurezas o tinieblas)
contra contrarios (la luz del Espíritu Santo)”.
Texto original: “De esta manera le era antes esquiva
esta llama al alma sobre lo que se puede decir,
peleando en ella unos contrarios contra otros: Dios,
que es todas las perfecciones, contra todos los
hábitos imperfectos de ella para que trasformándola
en sí la suavice y pacifique y esclarezca, como el
fuego hace al madero cuando ha entrado en él.
Esta purgación en pocas almas acaece tan fuerte;
sólo en aquellas que el Señor quiere levantarlas a
más alto grado de unión, porque a cada una dispone
con purga más o menos fuerte, según el grado a que
la quiere levantar, y según también la impureza e
imperfección de ella”.
Comentario: Aquí explica que cuanto más alto está
destinada a llegar un alma en el sendero de
realización espiritual, la purgación puede ser más
intensa que en otra alma que no está destinada a
subir a alturas similares a la anterior. Por
supuesto que esto depende también de la cantidad de
escoria que deba ser purgada del subconsciente y
quemada por el fuego sagrado.
San Juan de la Cruz continúa explicando sobre este
proceso de purgación y purificación de las impurezas
lo siguiente:
Texto original: “Basta saber ahora que el mismo
Dios, que quiere entrar en el alma por unión y
transformación de amor, es el que antes está
embistiendo en ella y purgándola con la luz y calor
de su divina llama, así como el mismo fuego que
entra en el madero es el que le dispone como hemos
dicho. Y así, la misma que ahora le es suave estando
dentro embestida en ella, le era antes esquiva
estando fuera embistiendo en ella”.
Comentario: A continuación, se explica que cuando el
proceso de purgación se ha completado y la
purificación total se ha alcanzado, entonces el
fuego sagrado ya no lastima ni atormenta sino que
empieza a producir el despertar de la conciencia
espiritual; es decir, la unión de la mente humana
con la mente divina o “matrimonio espiritual”.
Leamos:
“Acaba ya si quieres.”
Texto original: “Es a saber, acaba ya de consumar
conmigo perfectamente el matrimonio espiritual con
tu beatífica vista, porque ésta es la que pide el
alma”.
Texto original: “Y es así, como si dijera: Acaba, es
a saber, de darme este reino; si quiérese, esto es,
según es tu voluntad. Y para que así sea rompe la
“tela de este dulce encuentro”.
Texto original: “La cual tela es la que impide este
tan grande negocio; porque es fácil cosa llegar a
Dios quitados los impedimentos y rompidas las telas
que dividen la junta entre el alma y Dios. Las telas
que pueden impedir esta junta y que se han de romper
para que se haga y posea perfectamente el alma a
Dios, podemos decir que son tres, conviene a saber:
temporal, en que se comprenden todas las criaturas;
natural, en que se comprenden las operaciones e
inclinaciones puramente naturales; la tercera,
sensitiva, en que sólo se comprende la unión del
alma con el cuerpo, que es vida sensitiva y animal,
de que dice San Pablo: Sabemos que si esta nuestra
casa terrestre se desata, tenemos habitación de Dios
en los cielos (II ad Cor: V, 1). Las dos primeras
telas de necesidad se han de haber rompido para
llegar a esta posesión de unión de Dios, en que
todas las cosas del mundo están negadas y
renunciadas y todos los apetitos y afectos naturales
mortificados y las operaciones del alma de naturales
ya hechas divinas. Todo lo cual se rompió e hizo en
el alma por los encuentros esquivos de esta llama
cuando era ella esquiva; porque con la purgación
espiritual que arriba hemos dicho acaba el alma de
romper con estas dos telas, y de ahí viene a unirse
con Dios, como aquí está, y no queda por romper más
que la tercera de la vida sensitiva. Que por eso
dice aquí tela y no telas; porque no hay más que
ésta que romper, la cual por ser ya tan sutil y
delgada y espiritualizada con esta unión de Dios, no
la encuentra la llama rigurosamente como a las otras
dos hacía, sino sabrosa y dulcemente; que por eso
dice aquí y llama dulce encuentro, el cual es tanto
más dulce y sabroso, cuanto más le parece que le va
a romper la tela de la vida”.
Comentario: Aquí San Juan de la Cruz está afirmando
que la unión perfecta y permanente con Dios sólo
puede realizarse cabalmente cuando el cuerpo físico
muere.
Comentario final: Con lo explicado hasta aquí, el
lector tendrá una idea clara de la actividad y
operaciones que gradualmente lleva a cabo el fuego
del Espíritu Santo en el aspirante espiritual, hasta
conducirlo a la unión perfecta con Dios o el
Absoluto.
Sólo resta por decir, que en el sendero de
realización espiritual, la guía de un maestro
experimentado que haya pasado personalmente por el
proceso de purgación a través del fuego sagrado, no
sólo es útil, sino también indispensable. Para
comprender la importancia que tiene esto escuchemos
la opinión del propio San Juan de la Cruz al
respecto: “Grandemente le conviene al alma que
quiere ir adelante en el recogimiento y perfección,
mirar en cuyas manos se pone, porque cual fuere el
maestro, tal será el discípulo, y cual fuere el
padre tal el hijo. Y adviértase que para este
camino, a lo menos para lo más subido de él, y aun
para lo mediano, apenas se hallará una guía cabal
según todas las partes que ha menester, porque
además de ser sabio y discreto, es menester que sea
experimentado; porque para guiar el espíritu, aunque
el fundamento es el saber y la discreción, si no hay
experiencia de lo que es puro y verdadero espíritu,
no atinará a encaminar al alma en él, cuando Dios se
lo da, ni aun lo entenderá.
De esta manera muchos maestros espirituales hacen
mucho daño a muchas almas, porque no entendiendo
ellos las vías y propiedades del espíritu, de
ordinario hacen perder a las almas la unción de
estos delicados ungüentos con que el Espíritu Santo
les va ungiendo y disponiendo para sí,
instruyéndolas por otros modos rateros que ellos han
usado o leído por ahí, que no sirven más que para
principiantes; que no sabiendo ellas más que para
éstos, y aun eso plega a Dios, no quieren dejar las
almas pasar (aunque Dios las quiere llevar), a más
de aquellos principios y modos discursivos e
imaginarios, para que nunca excedan y salgan de la
capacidad natural, con que el alma puede hacer muy
poca hacienda”.
Y más adelante aclara quien es, en última instancia,
el verdadero y único guía del alma en el sendero de
realización espiritual:
“Adviertan estos tales que guían las almas, y
consideren que el principal agente y guía y movedor
de las almas en este negocio no son ellos sino el
Espíritu Santo, que nunca pierde cuidado de ellas, y
que ellos sólo son instrumentos para enderezarlas en
la perfección por la fe y ley de Dios, según el
espíritu que Dios va dando a cada una. Y así todo su
cuidado sea no acomodarlas a su modo y condición
propia de ellos, sino mirando si saben el camino por
donde Dios las lleva, y si no lo saben déjenlas y no
las perturbe”.
|