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PRÁCTICA
1.- MEDITACIÓN PARA PURIFICAR EL CUERPO Y EL
AURA CON EL FUEGO DEL ESPIRITU SANTO.
En los capítulos anteriores se ha explicado
que el fuego del Espíritu Santo es la
energía divina capaz de quemar y disolver
las energías obscuras e indeseables que nos
penetran y rodean como si fuera una nube
oscura. A continuación se explicará un
ejercicio de meditación especialmente
diseñado para lograr esta purificación.
Acomódate en posición de meditación
(sentado, hincado o parado y de preferencia
con las palmas de las manos tocándose entre
sí y a la altura del pecho, o simplemente
descansado sobre el regazo). Imagina que
estás sentado dentro de un gran fuego que te
penetra y rodea por todos lados hasta,
aproximadamente, la distancia que alcanzan
tus manos extendidas. Ahora repite varias
veces audiblemente la siguiente afirmación:
"YO SOY el fuego sagrado de Dios
transmutando la obscuridad que hay en mí en
luz". Mientras afirmas lo anterior debes
sentir profundamente que el fuego está
llevando a cabo una acción purificadora
dentro y alrededor de tí. Luego descansa por
unos segundos sin dejar de sentir y
visualizar con tu mente la acción del fuego
quemando las oscuridades e impurezas de tu
cuerpo y de tu aura. Una vez más repite
varias veces la afirmación "YO SOY el fuego
sagrado de Dios transmutando la obscuridad
que hay en mí, en luz”, y descansa. Repítela
una vez más y descansa, y así hasta que
sientas verdaderamente la acción
purificadora del fuego del Espíritu Santo
dentro de tí.
Recuerda que cuando por un acto de libre
albedrío invocas el fuego del Espíritu
Santo, éste quema y consume las energías
obscuras e indeseables acumuladas dentro y
alrededor de ti. El ejercicio que te he
explicado está diseñado para disolver estas
impurezas, evitando así que se manifiesten
en nuestra vida y en nuestros asuntos.
2.- MEDITACIÓN PARA ILUMINAR EL CUERPO Y EL
AURA CON EL FUEGO DEL ESPÍRITU SANTO.
Acomódate en posición de meditación, tal y como
se te ha indicado en el ejercicio anterior.
Imagina que te encuentras sentado en el
centro de una hermosa esfera de
resplandeciente luz divina. Mientras te ves
ahí sentado, penetrado y rodeado por la luz
de Dios, repite en voz alta y con todo tu
corazón:
"YO SOY luz, candente luz, radiante luz,
eterna luz divina. YO SOY la infinita
presencia de la luz de Dios manifestándose
en y a través de mí. Dios consume mis
impurezas, transmutándolas en luz.
YO SOY un poderoso foco de la luz de Dios.
YO SOY un río cristalino por el que fluye la
infinita presencia de la luz de Dios. YO SOY
la más alta frecuencia de la luz de Dios
manifestándose en y a través de mí.
YO SOY una avanzada de lo divino. Las
impurezas dentro de mí son consumidas para
siempre por la poderosa acción de la
infinita luz de Dios que YO SOY.
YO SOY, YO SOY, YO SOY Luz. Yo vivo en la
luz. YO SOY la máxima dimensión de la luz.
YO SOY la más pura intención de la luz. YO
SOY luz. YO SOY luz. YO SOY luz inundando al
mundo donde quiera que voy, bendiciéndolo,
fortaleciéndolo, comunicando el propósito
del reino de los cielos".
Mientras realizas las afirmaciones
anteriores y durante algún tiempo después,
visualízate a ti mismo dentro de un gran
núcleo de fuego blanco, el gran núcleo de
fuego blanco del ser. Luego, radiante,
agradecido y feliz, sal del ejercicio.
3.- MEDITACIÓN PARA EL ASCENSO Y EL DESCENSO
DEL ESPÍRITU SANTO AL CORAZÓN DEL INICIADO
Acomódate en posición de meditación. Siente
e imagina un triángulo equilátero de luz de
30 cms. de largo, localizado arriba y afuera
de tu cabeza con su cúspide apuntando al
cielo. Imagina a su vez otro triángulo
equilátero de luz de 30 cms. de largo,
localizado en la base del tronco (perineo),
pero invertido; es decir, con su cúspide
apuntando hacia el centro de la tierra.
Ahora, siente e imagina que el triángulo
localizado en la base del tronco asciende
lentamente hasta el corazón. Posteriormente,
siente e imagina que el triángulo localizado
arriba y afuera de la cabeza desciende hasta
el corazón, formando con el otro triángulo
una estrella de luz destellante de seis
puntas o estrella de David.
Permanece entonces por algunos minutos
sintiendo e imaginando esta estrella de luz
resplandeciente de seis puntas localizada en
el centro del corazón, como si fuera una
poderosa lámpara de luz que ilumina tu
cuerpo y tu aura transmutando cualquier
oscuridad que se encuentre ahí, en luz.
4.- MEDITACIÓN PARA LA ELEVACIÓN GRADUAL Y
PROGRESIVA DEL FUEGO DEL ESPÍRITU SANTO QUE
CONDUCE A LA ASCENSIÓN
Acomódate en posición de meditación. Siente
e imagina una hermosa y resplandeciente
llama de luz blanca y transparente como el
cristal que asciende desde la base del
tronco (perineo) hacia la coronilla, al
tiempo que repites en voz alta o mentalmente
la siguiente afirmación:
"YO SOY la resurrección y la vida del fuego
sagrado de la Madre divina dentro de mí".
Repite la afirmación anterior y siente la
energía de la Madre que asciende por todo tu
cuerpo, por algunos minutos, en estado de
alegría y exaltación.
Con el tiempo y la práctica puedes repetir
la afirmación cada vez a mayor velocidad.
Este ejercicio está pensado para la
elevación gradual y progresiva del fuego o
energía de la Madre a lo largo de la columna
vertebral.
Con la práctica, el fuego sagrado finalmente
conseguirá una tremenda elevación. Sin
embargo, el ejercicio sólo debe hacerse por
algunos minutos al día, o por el lapso de
tiempo en que te sientas cómodo, a gusto,
exaltado, feliz y en paz. La elevación
gradual del fuego no representa peligro
alguno para la salud. No obstante, si la
energía sube con demasiada fuerza y te
produce cualquier tipo de malestar (dolor de
cabeza, enojo, calor extremo, deseo de
vómito), debes suspender el ejercicio por
algunos días y luego reanudarlo
gradualmente.
Conforme la energía de la Madre sube por tu
cuerpo hacia la coronilla, ésta no sólo
desbloquea los plexos nerviosos y revitaliza
el cuerpo entero, sino que gradualmente
asciende más allá del cuerpo hacia el centro
espiritual localizado arriba y afuera de la
cabeza. Con esto, gradualmente, te estás
preparando para tu propia ascensión.
Debido a que el fuego del Espíritu Santo o
energía de la Madre es, en realidad, la
llama de la resurrección que te conduce
gradualmente de regreso a tu espíritu, debes
mantener siempre una actitud amorosa,
agradecida y reverente delante de ella. Este
sentimiento de amor, agradecimiento y
reverencia en nuestro corazón podría ser
expresado en la siguiente plegaria: "Ven,
santísima Madre, ven a liberarme para
siempre de la ilusión de los sentidos, de la
ilusión del tiempo y el espacio". Este es el
rezo y la plegaria de todos los nobles de la
luz que desean fervientemente que la gran
llama divina se manifieste en y a través de
ellos.
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