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Introducción
Al cuerpo de luz se le llama, en el Antiguo
Testamento, las ropas de salvación o manto
de justicia (Isa. 61) y en el Nuevo
Testamento el vestido de bodas (Mat.
22:11-14) y el cuerpo incorruptible e
inmortal (Cor. I, XV, 50-55).
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"EL ASCENSO Y DESCENSO DEL ESPÍRITU SANTO AL
CORAZÓN DEL INICIADO " |
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A) En el hombre común: Nube oscura, que contiene las
impurezas y bajas pasiones en la mente consciente y
subconsciente de la persona.
B) En el iniciaco que ha alcanzado la tercera
iniciación: Cuerpo de luz, llamado por Jesús vestido
de bodas (Mat.22:11-14) y por San Pablo cuerpo
incorruptible e inmortal (Cor.I, XV,50-55).
Cuando el fuego del Espíritu Santo asciende
desde la Madre y desciende desde el Padre al corazón
del iniciado, entonces estas dos energías divinas se
fusionan creando el cuerpo de luz. Cuando este
proceso gradual y progresivo de fusión culmina,
entonces, Cristo, el Hijo del hombre, en su radiante
cuerpo de luz, redime al iniciado conduciéndolo de
regreso al Padre a través del mecanismo de la
ascensión.
Jesús afirma, en relación a la manifestación del
Espíritu Santo en el iniciado, lo siguiente: “...y
yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito
(Espíritu Santo), para que esté con vosotros para
siempre, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no
puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero
vosotros le conocéis, porque mora con vosotros” (Jn.
14:16-17). Y más adelante continúa diciendo: “Si
alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le
amará, y vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn.
14:23). Y posteriormente declara: “Pero el
Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en
mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo
lo que yo he dicho” (Jn. 14:26). San Pablo por su
parte comenta al respecto: “¿No sabéis que sois
santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita
en vosotros?” (Cor. I. 3:16).
San Juan de la Cruz afirma en Llama de amor viva que
el iniciado que experimenta el ascenso y
manifestación del Espíritu Santo dentro de sí mismo
permanece “sintiendo correr de su vientre los ríos
de agua viva que dijo el Hijo de Dios que saldrían
de semejantes almas” (Jn. 7:38). Tómese en cuenta
que el vientre es la cavidad del cuerpo donde están
los intestinos y el aparato génito-urinario,
precisamente el asiento de la Madre en la base del
tronco del iniciado.
Santa Teresa de Jesús menciona en la cuarta morada
de Las moradas del castillo interior, con respecto
al ascenso del Espíritu Santo en su propio organismo
y hasta la cabeza, lo siguiente: “... estoy
considerando el gran ruido que pasa en mi cabeza...
Parece que están en ella muchos ríos caudalosos y,
por otra parte, que estas aguas se despeñan; muchos
pajarillos y silbos, y no en los oídos, sino en lo
superior de la cabeza (en la coronilla), adonde
dicen que está lo superior del alma (la lengua de
Pentecostés). Esto ha permanecido mucho tiempo,
pareciéndome que el movimiento grande del espíritu
hacia arriba subía con velocidad”.
Jesús, al referirse a la ascensión del Hijo de
regreso al Padre, dice a Nicodemo: “En verdad, en
verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos
y damos testimonio de lo que hemos visto, pero
vosotros no aceptais nuestro testimonio. Si al
deciros cosas de la tierra, no creeis, ¿cómo vais a
creer si os digo cosas del cielo? Nadie ha subido al
cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del
hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el
desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del
hombre” (Jn. 3:11-14). La afirmacion de que Moisés
“levantó la serpiente en el desierto” se refiere,
presisamente, al ascenso de la energía de la Madre
desde la base del tronco hacia la coronilla,
llevando consigo al Hijo, localizado en el corazón,
de regreso al Padre arriba y afuera de la cabeza.
Tómese en cuenta que en Oriente se utiliza
exactamente la misma terminología para designar el
levantamiento de la energía kundalini
(“levantamiento de la serpiente”) rumbo al chakra de
mil pétalos en la coronilla (lengua de Pentecostés),
donde se experimenta la fusión con lo divino.
LAS DOS GRANDES VÍAS QUE CONDUCEN A LA ILUMINACIÓN Y
LOS MÍSTICOS CRISTIANOS DE ORIENTE
Conforme el estudiante penetre en los místicos
cristianos de Oriente descubrirá que éstos buscan
lograr a través de la oración de Jesús u oración del
corazón, en esencia, dos objetivos íntimamente
relacionados entre sí:
a) El despertar de la conciencia espiritual (mística
del vacío) :
Ellos lo llaman vivir en estado de contemplación,
vigilancia, sobriedad, soledad, calma o reposo.
b) La creación del cuerpo de luz (mística del amor):
Pasando por las cinco iniciaciones correspondientes:
Primera iniciación: Bautizo con fuego, que implica,
como es claro, el incremento del fuego del Espíritu
Santo dentro del iniciado. El fuego del Espíritu
Santo es, en esencia, la energía de la Madre en la
base del tronco del iniciado, y la energía del Padre
arriba y afuera de la cabeza del iniciado.
Segunda iniciación: Lucha entre el fuego del
Espíritu Santo en contra de las impurezas y bajas
pasiones en la mente consciente y subconsciente del
iniciado (nube oscura). Esta segunda iniciación es,
en esencia, un proceso de limpieza y purgación de
las impurezas y pasiones en la mente consciente y
subconsciente del iniciado, por parte del fuego del
Espíritu Santo.
Tercera iniciación: La transfiguración del iniciado
(cuerpo de luz), una vez que ha concluido el proceso
de limpieza y purgación de las impurezas y bajas
pasiones por parte del fuego del Espíritu Santo.
Cuarta iniciación: La resurrección de Cristo dentro
del corazón mismo del iniciado, como suprema
culminación al proceso de regeneración, limpieza y
purgación que el fuego del Espíritu Santo ha llevado
a cabo dentro del iniciado.
Quinta iniciación: la ascensión como resultado final
del proceso de regeneración que ha llevado a cabo el
fuego del Espíritu Santo en el iniciado y que
termina fusionándolo con Dios*.
La primera parte del presente volumen trata,
principalmente, de la creación del cuerpo de luz,
mientras que la segunda parte trata de los dos
objetivos antes mencionados: El despertar de la
conciencia espiritual y la creación del cuerpo de
luz.
“El fuego santo y supraceleste desciende para
consumir aquello que resta todavía para su
purificación; él ilumina (a aquellos que visita) en
la medida de su perfección. Pues el mismo fuego que
consume es también la luz que ilumina. Por eso
ocurre que algunos salen de la oración como de una
hoguera, experimentando una especie de disminución
de manchas y materia, mientras que otros salen
iluminados y revestidos del doble manto de la
humildad y la exultación”.
Juan Clímaco, o de la Escala |
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