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Cartas sobre el Fuego Sagrado
INTRODUCCIÓN
Las cartas que a continuación leerás tratan sobre la
esencia misma de nuestra enseñanza: el fuego
sagrado. El nombre de la persona a quien fueron
enviadas ha sido excluido en la trascripción que
aquí se presenta; no obstante, cualquier estudiante
que haya sentido la acción del fuego dentro de su
propio organismo, en forma del calor o energía que
mueve al cuerpo en meditación, o provocando un deseo
intenso por avanzar en el sendero que conduce al
Bienamado, al Santo de los Santos, debe considerar
estas cartas como si hubiesen sido escritas
especialmente para él.
PRIMERA CARTA
Hace ya muchos años, mi maestro me escribió lo
siguiente con respecto a la energía que ahora se ha
empezado a manifestar en ti: "Cuando el fuego
sagrado es liberado, él se manifiesta en el hombre
(eso me mueve a mí); siendo este fuego el causante
del proceso regenerativo, otro cuerpo de luz nace
del cuerpo oscuro o físico, y en ese nuevo cuerpo tu
verdadero ser, en armonía con el espíritu creador,
se expresará ampliamente".
Una vez que el estudiante empieza a sentir el fuego
dentro de sí mismo, en forma de calor o de energía
que mueve al cuerpo en meditación, debe dejarlo
libre para que realice su tarea regeneradora.
Si la energía te mueve mientras te encuentras
sentada en meditación, entonces debes permitir que
te mueva; si la energía se detiene, entonces debes
detenerte también. Simplemente sigue el movimiento.
Debes estar segura de que este fuego es purificador
en esencia. Con el correr de los años, esta llama
viviente que ahora sientes en tu interior consumirá
y disolverá en ti todas las impurezas que no son
propias del espíritu. Es, en verdad, un fuego
abrasador que consume todo aquello que no es de su
propia naturaleza espiritual. Por ello, debes
sentirte feliz y dar gracias.
Catalina de Siena dictó las siguientes palabras
mientras se encontraba en profundo éxtasis, en
diálogo con el Padre: "Yo, fuego, aceptador de
sacrificios, despojándolos de su oscuridad, doy la
luz; no una luz natural, sino una sobrenatural....".
Y San Juan de la Cruz, refiriéndose a los mismo,
escribió: "Los actos interiores que Él produce
disparán llamas, pues son actos de amor inflamado.
Tal es la actividad del Espíritu Santo en el alma".
Sigue adelante en tus prácticas y meditaciones, y
permite que la luz se exprese en y a través de tí.
SEGUNDA CARTA
Te escribo una vez más con la intención de recalcar
la gran importancia que tiene el fuego sagrado
liberado dentro de tí. Pero antes, es mi interés
prevenirte contra el que es, quizás, el principal
enemigo del peregrino espiritual: el orgullo. Se ha
dicho, y no a la ligera, que la mayor recompensa que
un estudiante de la luz o buscador de Dios puede
tener es la humildad. Tal y como afirmó Pedro el
apóstol: "Revestíos de humildad; porque Dios resiste
a los soberbios, y da gracia a los humildes" (1
Pedro, 5:5). Recuerda entonces, y no lo olvides en
adelante: "La altivez debe desaparecer, o vendrá la
caída" (Proverbios, 16:18). Medita seriamente sobre
esto que te digo.
En la carta anterior comentamos que el fuego
liberado dentro del aspirante es purificador en
esencia. Que esa llama viviente que el estudiante
siente dentro de su propio organismo consume y
disuelve todas las impurezas que no son propias del
espíritu. Debes imaginar estas impurezas como si
fueran una energía sucia e indeseable que no sólo
penetra el cuerpo del hombre sino que lo rodea como
una nube oscura hasta, aproximadamente, la distancia
que alcanzan tus manos extendidas. Estas energías
indeseables son las que deben ser quemadas y
consumidas por la acción purificadora del fuego.
Cuando todas las impurezas han sido quemadas y
retornadas a su estado de absoluta pureza, el cuerpo
de luz resplandece por sí mismo.
Someterse al proceso regenerador y purificador por
medio del fuego sagrado o llama de amor viva, como
lo nombra san Juan de la Cruz, es el camino cierto y
verdadero que conduce hacia la luz de nuestro
verdadero ser espiritual. Jesús se refirió a esto
cuando afirmó: "De cierto os digo, que vosotros que
me habéis seguido, en la regeneración, cuando se
sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria,
vosotros también os sentareís..." (Mateo 19:28).
Debes comprender que es sólo a través de este fuego
y de su acción regeneradora que se cumple la
profecía de Daniel: "Muchos serán limpiados, y
emblanquecidos, y purificados: mas los impíos
obrarán impiamente, y ninguno de los impíos
entenderá, pero entenderán los entendidos" (Daniel
12:10). "Y los entendidos resplandecerán como el
resplandor del firmamento" (Daniel 12:3).
Continúa con tus meditaciones y mantén un estado de
absoluta humildad ante la enseñanza que está siendo
puesta en tus manos.
TERCERA CARTA
Es importante que comprendas que la acción
purificadora del fuego sagrado dentro de ti no
siempre es un procedimiento cómodo. Es normal que
durante el proceso de regeneración, esta llama o
fuego del Espíritu Santo queme y consuma ciertas
impurezas de las cuales tú ni siquiera tenías
conocimiento y que, sin embargo, al ser traídas
desde el subconciente hasta tu mente consciente para
ser consumidas, forman parte de ti. Cuando este sea
el caso, debes, simplemente, mantener una actitud
tranquila y desapasionada, descansando en la certeza
de que una vez que estas impurezas (odios, miedos,
resentimientos, bajas pasiones, egoísmos, etc.) han
sido consumidas por la acción del fuego, el alma
retorna al abrigo de su eterno refugio.
Al comprender que "nuestro Dios es fuego consumidor"
(Hebreos 12:29), la única y correcta actitud que el
verdadero noble de la luz debe tener es,
simplemente, la de ponerse en manos de esta gran
llama de Dios para que ella, con absoluta sabiduría,
disuelva en nosotros todo aquello que obstaculiza el
regreso a nuestra fuente espiritual.
Conforme el proceso regenerador avance dentro de ti,
irás penetrando más y más en un estado de absoluta
pureza interior; verdaderamente encontrarás, como
decía mi maestro, un nuevo cielo y una nueva tierra.
Y en ese nuevo cielo y en esa nueva tierra no habrá
más sufrimiento ni llanto, ni desesperación ni
angustia, porque todas las cosas que nos hacían
sufrir habrán desaparecido para siempre.
Sé constante en tu práctica y, mientras tanto, vive
feliz y agradecida por todo lo que la vida te ha
dado y por todas las cosas grandiosas que aún están
por venir.
CUARTA CARTA
Lee lo siguiente con atención: El Espíritu Santo
está localizado arriba y afuera de la cabeza de todo
hombre que viene al mundo. Juan el Bautista dio
testimonio de esto diciendo: "vi al Espíritu que
descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él."
(Juan 1: 32). "Y hubo una voz de los cielos que
decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo
contentamiento." (Marcos 1:10,11).
Desde este centro espiritual, arriba y afuera de la
cabeza, desciende constantemente la energía que nos
da la vida y que permite a nuestro cuerpo y mente
llevar a cabo todas sus funciones y operaciones. Si
la mente sólo se ocupara de pensamientos puros y
amorosos y con un profundo sentido de servicio hacia
nuestros semejantes y hacia la vida en general, la
energía del espíritu permanecería radiando en todos
sentidos y direcciones cual poderoso cuerpo de luz.
Pero si nuestros pensamientos y sentimientos son
desarmónicos, cargados de resentimientos, orgullo,
miedo, envidia, celos, etc., creamos una nube oscura
de impurezas a nuestro alrededor y se nubla el
recuerdo de nuestro divino origen. Es debido a la
existencia de esta nube oscura que se hace
indispensable el proceso de regeneración.
La regeneración es, simplemente, el proceso a través
del cual logramos eliminar la nube oscura de
impurezas que hemos construido a nuestro alrededor.
¿Cómo? Sólo hay una manera: valiéndonos del fuego
del Espíritu Santo. Diríamos, entonces, que la
regeneración es el procedimiento a través del cual
las energías impuras son sometidas al calor del
fuego sagrado para ser transmutadas en luz. Este
proceso regenerativo, también llamado el misterio de
la redención, logra fusionar al verdadero noble de
la luz con su esencia divina.
El fuego puede incrementarse gradualmente dentro de
nosotros mismos por diversos medios: por la
constante aspiración y deseo de conocer la ley de
Dios; por el llamado incesante a través de la
oración para que el poder del Espíritu Santo entre
en nosotros; por el sentimiento de profundo amor
hacia lo divino, y por la compasión ilimitada hacia
la humanidad sufriente; por medio de decretos y
afirmaciones que refuercen en uno la unidad con
nuestra fuente espiritual, por la meditación, por
ciertas técnicas de yoga y por otras técnicas
destinadas a ello. Otra posibilidad, aunque remota,
es que el fuego aumente espontáneamente en personas
que no han hecho ningún esfuerzo consciente previo,
pero aptas para la regeneración.
Debes saber que una gran cantidad de este fuego
sagrado se encuentra acumulado en la base del tronco
y en los órganos sexuales para ser utilizado en la
reproducción de la especie. Esta es la razón por la
cual, en ocasiones, el candidato para la
regeneración siente que el fuego ha sido liberado
dentro de su propio organismo desde este punto en la
base del tronco, como ha sido en tu caso.
Tan pronto el fuego despierta o entra en actividad,
comienza a quemar las partículas de sustancia densa
que se encuentran acumuladas en nuestro cuerpo y en
nuestra propia aura, transmutándolas en luz.
Podríamos decir que el fuego sagrado derrite las
impurezas en nuestro cuerpo y mente "con calor
ferviente", como dice la Biblia. Estas impurezas son
las responsables de nuestra obstinación mental,
dureza de corazón, falta de sensibilidad hacia las
necesidades de los demás, y otros impedimentos para
que el alma reciba las delicadas comunicaciones del
espíritu.
Como puedes ver, la energía que sientes dentro de tí
es autotransformadora en esencia. Conduce al alma de
regreso hacia su fuente espiritual. En el proceso,
este fuego transmuta la oscuridad que hay en ti, en
luz.
Ahora podrás comprender que lo que se conoce como la
caída no es otra cosa que la creación de oscuridades
por parte de nuestra mente; y la redención es la
transmutación de estas mismas oscuridades y
densidades en luz. La caída es desde la luz
(espíritu) a la oscuridad (materialismo del mundo
encegecido), y la redención es en el sentido
inverso, desde la oscuridad hacia a la luz.
Una vez que las impurezas han sido disueltas y
transmutadas en luz, esta irradia hacia el mundo y
nuestros semejantes bendiciéndolos continuamente. La
acción del hombre redimido será siempre de servicio
amoroso y compasivo hacia la humanidad como un todo.
No obstante, la devoción ferviente que el iniciado
siente ahora por la divinidad, logra que parte de
esta luz suba y se acumule arriba y afuera de su
cabeza. Esta acumulación luminosa es el producto de
los más puros y elevados pensamientos y sentimientos
del hombre que se han convertido "en los tesoros que
el Señor tiene guardados para ti en los cielos". Es
ahí, arriba y afuera de la cabeza, donde regresa y
se deposita la luz divina que recibimos
originalmente desde lo alto y que hemos conservado
con pureza y amor. Sólo estas energías son una
ofrenda digna que puede retornar a su fuente
original para ir formando gradualmente lo que
conocemos como el gran cuerpo solar inmortal.
Espero que con las cartas anteriores y ésta, que
será la ultima que te enviaré, haya podido
transmitirte tanto el origen de la energía que
sientes en tu interior como de los efectos
regenerativos que gradualmente se llevaran a cabo
dentro de tu propio organismo. Pero aunque de
momento no logres comprender en su justa dimensión
la grandiosidad de esta llama viviente en acción,
siéntete inmensamente feliz. Da gracias
continuamente al Señor de lo eterno por haberse
dignado manifestar su fuego sagrado en ti. Así sea.
“Es pues de notar, que el amor es la inclinación del
alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios,
porque mediante el amor se une el alma con Dios; y
así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más
profundamente
entra en Dios y se concentra con él”.
San Juan de la Cruz
Llama de amor viva |
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