El Canon cristiano esta formado por veintisiete
escritos conocidos con el nombre de Nuevo
Testamento. La Biblia cristiana une en un solo tomo
el Antiguo Testamento (la Tanak judía) con el Nuevo
Testamento. Estos veintisiete escritos son:
1. Cuatro Evangelios (Marcos, Mateo, Lucas y
Juan): De los cuatro libros canónicos que narran la
<Buena Nueva> (sentido de la palabra <Evangelio>)
traída por Jesucristo, los tres primeros presentan
entre sí tales semejanzas que pueden ponerse en
columnas paralelas y abarcarse <con una sola
mirada>: de ahí su nombre de <sinópticos>. Solo el
Evangelio de Juan presenta rasgos que le son propios
y que lo distinguen netamente de los evangelios
sinópticos.
2. Los Hechos de los apóstoles: El tercer
evangelio y el libro de los Hechos se compusieron
como partes integrantes de una sola obra, que hoy
llamaríamos nosotros <Historia de los orígenes del
cristianismo>. Se separaron las dos obras cuando los
cristianos desearon disponer de los cuatro
evangelios en un mismo códice. La tradición de la
Iglesia está de acuerdo en identificar al autor de
ambas obras con San Lucas. Quizá el título de Hechos
de los Apóstoles se le dio en una ocasión siguiendo
la moda de la literatura helenística que conocía los
Hechos de Aníbal, los Hechos de Alejandro, etc.
3. Catorce cartas de Pablo (de Tarso):
Epístola a los Romanos, Primera Epístola a los
Corintios, Segunda Epístola a los Corintos, Epístola
a los Gálatas, Epístola a los Efesios, Epístola a
los Felipenses, Epístola a los Colosenses, Primera
Epístola a los Tesalonicenses, Segunda Epístola a
los Tesalonicenses, Primera Epístola a Timoteo,
Segunda Epístola a Timoteo, Epístola a Tito,
Epístola a Filemón y Epístola a los Hebreos.
4. Una carta de Santiago: Epístola de
Santiago.
5. Dos carta de Pedro: Primera Epístola de
San Pedro y Segunda Epístola de San Pedro.
6. Tres cartas de Juan: Primera Epístola de
San Juan, Segunda Epístola de San Juan y Tercera
Epístola de San Juan.
7. Una carta de Judas: Epístola de San Judas
Las siete epístolas del NT que no son de San Pablo
fueron, por está misma razón, reunidas muy pronto en
una sola colección, a pesar de sus diversos
orígenes: una de Santiago, dos de Pedro, tres de
Juan y una de Judas. Su antiquísmo titulo de
<epístolas católicas> procede sin duda de que la
mayoría de ellas no van destinadas a comunidades o
personas particulares, sino que más bien van
dirigidas a los cristianos en general.
8. El Apocalipsis de Juan: La palabra <apocalipsis>
es la transcripción de un término griego que
significa revelación; todo apocalipsis supone, pues,
una revelación hecha por Dios a los hombres de cosas
ocultas y sólo por él conocidas, en especial de
cosas referentes al futuro. Es difícil deslindar
exactamente las fronteras que separan al género
apocalíptico del profético, del que en cierto modo
no es más que una prolongación; pero, mientras que
los antiguos profetas escuchaban las revelaciones
divinas y las transmitían oralmente, el autor de un
apocalipsis recibe sus revelaciones en forma de
visiones que consigna en un libro. Por otra parte,
tales visiones no tiene valor por sí mismas, sino
por el simbolismo que encierran; porque, en un
apocalipsis, todo o casi todo tiene valor simbólico:
los números, las cosas, las partes del cuerpo y
hasta los personajes que salen a escena. Cuando el
vidente describe una visión, traduce en símbolos las
ideas que Dios le sugiere, y entonces acumula cosas,
colores, números simbólicos, sin preocuparse de la
incoherencia de los efectos obtenidos. Es, pues,
necesario para entenderle, hacerse cargo de sus
procedimientos y traducir de nuevo en ideas los
símbolos que propone, so pena de falsear el sentido
de su mensaje.
El Nuevo Testamento únicamente ha mantenido en su
canon un apocalipsis, suyo autor se llama a sí mismo
Juan y al cual se identifica con el apóstol Juan,
autor del cuarto Evangelio. Pero sean ambos
personajes la misma persona o no, se considera que
con seguridad está escrito por alguno del círculo
del apóstol e impregnado de sus enseñanzas.