La religión del Islam, fundada por Mahoma (Mohamed:
el glorificado) en el siglo VII d.C. se basa en el
Corán, libro que es para los musulmanes la palabra
de Dios transmitida por el arcángel Gabriel, a
través de visiones y revelaciones auditivas, al
Profeta Mahoma, el último de la serie de los
profetas bíblicos. Esta religión contiene una vía
exterior u ortodoxa y una vía interior o mística. La
vía exterior se basa en la Ley revelada en el Corán
y se ocupa, primordialmente, en la observación de
reglas y ritos y de los actos devocionales. Por su
parte, la vía interior o mística, llamada sufismo,
se ocupa de la doctrina y del sendero místico.
La doctrina mística se articula en torno a dos ejes
fundamentales: 1. La afirmación de la unidad divina
(al-tawhid) y, 2. El hombre perfecto y universal
(al-insan al-kamil).
La doctrina de la unidad divina subraya como
objetivo central del sufismo la resolución en la
unidad de la dualidad creador-creación. Esto
posibilita la toma de conciencia de la identidad
(calidad de idéntico) absoluta de todas las cosas:
Dios, el hombre y la creación toda, son Uno. El
Corán expresa la unidad trascendente del Ser
diciendo: “Dios es el primero y el último, lo
manifiesto y lo oculto”. Esto explica los dos
aspectos de Dios: su trascendencia absoluta del
mundo creado y, simultáneamente, su inmanencia o
inseparabilidad del mundo creado: Dios es, a un
tiempo, trascendente (oculto) e inseparable de la
creación (manifiesto).
Por otra parte, la doctrina del hombre perfecto y
universal subraya, tal y como podemos leer en el
capítulo 95 del Corán, que el hombre fue creado con
las proporciones más admirables, como arquetipo
espiritual y divino (ahsan taqwim), pero, que más
tarde se precipitó hacia el grado más bajo de la
escala (asfal safilin). Fue entonces cuando
aparecieron los velos que le impiden ser consciente
del mundo divino y de su verdadera naturaleza
espiritual. El rol fundamental del sufismo consiste,
entonces, en despertar al hombre a su verdadera
naturaleza espiritual, a aquello que en esencia
siempre ha sido, aunque, en el estado de asfal
safilin, lo ignora. Al pasar del estado de asfal
safilin (hombre caído) al de ahsan taqwin (hombre
perfecto o ascendido), el hombre se desprende de los
velos que cubren su naturaleza espiritual y
restablece su condición de unidad perfecta con el
Absoluto (al-tawhid).
El sendero místico del sufismo, por su parte,
consiste en llevar a cabal realización los dos ejes
sobre los que descansa la doctrina: la unidad divina
y el hombre perfecto y universal. Para avanzar por
el es necesario tener claro diversos aspectos
teóricos y prácticos de la enseñanza: 1. Los velos
que separan el alma de Dios; 2. las virtudes del
hombre perfecto y universal; 3. Las estaciones, los
estados y los grados de ser o santidad; y,
finalmente, 4. El método.